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La Espectacular Transformación de la Reina AI romance Capítulo 717

Como todavía era temprano, la mayoría de los bares estaban cerrados. Jaime apenas estaba pensando a dónde llevarla cuando Paulina recibió dos mensajes de Jorge.

Quince minutos después, en lugar de ir al bar, ella terminó yendo a la base.

Cada vez que iba a la base, terminaba trabajando hasta el cansancio.

Y esta vez no fue la excepción.

El mismo día que llegó se la pasó despierta de corrido y no fue sino hasta la noche del día siguiente que el ritmo de trabajo se calmó un poco.

A eso de las ocho de la noche, sin haber cenado aún, acababa de salir de la sala de datos para dirigirse al comedor cuando vio a un hombre alto parado en el pasillo de afuera. Sus miradas se encontraron.

Paulina detuvo un poco el paso. Tito Jacobo caminó directo hacia ella y le dijo:

—Me enteré de que llegaste desde ayer, pero me traían vuelto loco de chamba. Apenas ahorita me desocupé.

—Sí... me imagino que ha sido pesado.

—¿Vamos a cenar?

Era obvio que Tito la estaba esperando a propósito, así que no le quedó de otra más que aceptar.

—Bueno...

Caminaron juntos hacia el comedor, platicando de sus cosas. Mientras cenaban, la plática se centró en sus respectivos trabajos. Cuando el tema se agotó, ella levantó la vista y vio que Tito había dejado de comer y la estaba viendo de manera pensativa.

—¿Qué pasa? —preguntó Paulina.

—¿Andas agüitada?

Paulina se quedó sacada de onda.

En esos dos días había estado tan ocupada que ni tiempo tuvo de pensar. El nudo en el pecho se había ido deshaciendo un poco con todo el trabajo. Tampoco le gustaba darle vueltas al asunto y creía que estaba bien, hasta que...

—¿Tanto se me nota?

—No tanto. —Pero él se había dado cuenta.

En el pasado, cada vez que la veía en la base, por muy pesado que estuviera el problema en el trabajo y por más cansada que estuviera, sus ojos siempre brillaban de emoción y de ganas de salir adelante. Se notaba a leguas que le encantaba estar ahí resolviendo los problemas.

Pero ahora, aunque seguía concentrada en lo que hacía, se le asomaba una tristeza en la mirada.

Si alguien no se fijaba bien, ni en cuenta.

Él ya no comió y, sin dejar de mirarla, volvió a preguntar:

—¿Tiene que ver con él?

Pero la segunda vez que los vio ahí en la entrada, se paró en seco y se les quedó viendo un buen rato.

Su expresión era indescifrable, pero Paulina sintió que el profesor estaba armándose una película en su cabeza y no pudo aguantar las ganas de aclararle la situación:

—Profesor, nosotros no...

Jorge no la dejó terminar, asintió en silencio, se dio la vuelta y se fue.

Paulina se quedó muda.

Al cuarto día, ya por la tarde, se fue de la base, pero, justo en la salida, se encontró a Tito.

Se quedó sorprendida.

El coche que la iba a llevar se detuvo y Tito se subió detrás de ella. Se sentó a su lado y, sonriendo, le dijo:

—Justo hoy me dieron el día libre. Aprovecho el aventón.

Paulina se quedó callada de nuevo.

***

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