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La Espectacular Transformación de la Reina AI romance Capítulo 721

Evidentemente, él también estaba al tanto del rumor sobre la boda entre Armando y Mercedez.

Se acercó y le dijo:

—Directora Mercedez, cuánto tiempo sin verla. Escuché que pronto habrá boda con el señor Armando, muchas felicidades.

Mercedez ya lo había notado desde que llegó. Al escucharlo, sonrió y respondió:

—Gracias.

Aunque la felicitación de Orlando era sincera, también llevaba cierta intención de tantear el terreno para confirmar si el rumor era cierto.

Ahora que ella misma se lo había confirmado, se alegró genuinamente por la noticia, aunque en sus ojos cruzó un fugaz destello de tristeza. Hizo una pausa y continuó:

—Me enteré de que se lastimó bastante grave, ¿ya se recuperó por completo?

—Todavía no estoy al cien, pero ya casi. Gracias por preguntar, señor Rocha —respondió Mercedez.

Orlando asintió y platicó un rato más con ella. Cuando ya no se le ocurrió qué más decir, inventó una excusa para retirarse.

Apenas se dio la vuelta, se topó de frente con Jaime y Paulina.

Al ver que Paulina también estaba ahí, su expresión se ensombreció de inmediato. Sin embargo, como ya había cruzado miradas con Jaime, lo saludó por cortesía:

—Señor Burgos.

Jaime asintió con frialdad:

—Señor Rocha.

Y eso fue todo. No tenía la más mínima intención de seguir hablando con Orlando.

Al ver su frialdad, Orlando tampoco se rebajó a rogar por su atención, aunque no pudo evitar lanzarle un par de miradas a Paulina.

Era un mensaje de un número desconocido.

Alcanzó a leer el inicio: [¿Ya viste la pulsera que trae mi prima? El prometido de mi prima...]. Tras eso, dejó de leer y, con total naturalidad, bloqueó el número y eliminó el mensaje.

De todas formas, aunque no hubiera terminado de leerlo, sabía perfectamente lo que querían decirle.

Todo se debía a que, momentos antes, cuando algunas mujeres de la alta sociedad le preguntaron por la pulsera, Alicia Saavedra se había encargado de presumir en voz alta que era un regalo de Armando. Les contó que se trataba de una pieza exclusiva de un coleccionista privado, que Mercedez se enamoró de ella con solo verla una vez y que, al enterarse, Armando desembolsó una gran cantidad de dinero para comprársela y hacerla feliz.

Seguramente Alicia, temiendo que Paulina no la hubiera escuchado cuando andaba presumiendo, decidió mandarle el mensaje para repetírselo.

De por sí, Mercedez ya era la envidia de muchas, y con lo de la pulsera, el número de interesadas aumentó. Aunque Paulina y Jaime no se metieron en la plática, por todos lados se escuchaban murmullos sobre la relación entre Armando y ella.

Jaime, harto de escuchar cómo la gente a su alrededor moría de envidia por Mercedez y alababa lo bueno que era Armando, sentía que le palpitaba una vena en la frente. Pensaba que le estaban contaminando los oídos y el cerebro.

—Dios mío, siento que me ensuciaron el alma —se quejó mientras se tapaba las orejas. Luego se frotó la frente, con expresión de sufrimiento, y no pudo evitar decirle a Paulina—: ¡No debí haber venido!

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