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La Espectacular Transformación de la Reina AI romance Capítulo 720

Enseguida, le llegó otro mensaje de Jaime.

[¿Entonces la abuela Frias ya los aprobó? Esto... no puede ser, ¿verdad? ¿O será que Armando organizó esta reunión a propósito para convencerla?]

Paulina tampoco lo tenía claro.

Sin embargo, la verdad no importaba.

Lo verdaderamente importante era la firme determinación de Armando por casarse con Mercedez.

Aunque la abuela se opusiera, nada podría hacerle cambiar de opinión.

Evidentemente, Jaime pensaba lo mismo que ella: [Primero el señor Lázaro y la señora Claudia, ahora la abuela. ¡Vaya que Armando se está esforzando bastante para que acepten a Mercedez!]

Josefina todavía tenía la ilusión de salir a pasear con Armando y Paulina.

A la mañana siguiente, apenas terminó de lavarse la cara, ya moría de ganas por llamarlo. Sin embargo, Armando se le adelantó y le marcó:

—¿Ya te despertaste? Mandé a alguien a recogerte. Vamos a salir un rato.

A Josefina le brillaron los ojos:

—¿Salir? ¿A dónde?

Apenas preguntó eso, recordó algo y añadió:

—¿Nada más a mí? ¿Mi mamá no va a ir?

—No, tu mamá está ocupada —respondió Armando.

—... Está bien —dijo Josefina un tanto decepcionada.

Cuando colgó el celular, Paulina iba subiendo las escaleras. Josefina le comentó:

—Mamá, mi papá acaba de hablar para decirme que mandó a alguien por mí para salir un rato. También dijo que tú no tenías tiempo de acompañarnos. ¿Qué tienes que hacer, mamá?

Paulina efectivamente tenía cosas que hacer ese día.

Aunque no se lo había comentado a Armando.

Como Josefina le preguntó, ella simplemente le respondió:

Esa noche, Mercedez también estaba presente.

Iba vestida de forma aparentemente discreta, pero muchos reconocieron que tanto su vestido como la pulsera que llevaba en la muñeca valían una fortuna.

Al platicar con las personas que se le acercaban, mantenía una sonrisa serena y elegante, sin mostrarse abrumada por tanta atención.

Paulina y Jaime observaban la escena sin decir nada, cuando de pronto llegaron otras dos personas.

Al verlos, Jaime torció la boca y exclamó:

—¡Qué mala suerte! Si hubiera sabido que iba a estar toda esta gente aquí, ni vengo.

Paulina solo le dedicó una leve sonrisa, sin decir nada.

Los recién llegados no eran otros que Orlando Rocha y su amigo Samuel, a quienes no veían desde hacía un tiempo.

Desde que Mercedez había sido dada de alta del hospital, Orlando había estado buscando la manera de verla, pero no se le había presentado la oportunidad.

Ahora, al verla ahí, se le iluminaron los ojos y se dirigió directamente hacia ella.

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