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La esposa de Blackwood romance Capítulo 41

—Creo que iré a preparar el desayuno, por favor, no te levantes —dijo dándose la vuelta y huyendo.

Unos diez minutos después, olor a café recién hecho y pan tostado llegó hasta la habitación como una invitación imposible de ignorar. Abajo se oían voces suaves, la risa contenida de mi mamá, el carraspeo ocasional de mi papá, el tintineo de platos.

Estar acostada, mirando el techo, con el collarín apretándome y el cuerpo rígido, me estaba volviendo loca.

Me cansé.

Me incorporé despacio, ignorando el tirón en el cuello, y me puse de pie. Cada paso era una victoria pequeña. Bajé las escaleras con cuidado, apoyándome en la barandilla como si fuera una anciana de noventa años. Cuando llegué a la cocina, los tres se giraron al unísono.

Mi mamá dejó la jarra de jugo a medio servir.

—¿Qué haces levantada, mi amor? —dijo, con los ojos muy abiertos—. ¡Al médico te dijo reposo absoluto!

Mi papá, que estaba untando mantequilla en una tostada, frunció el ceño.

—Chloe, vuelve a la cama ahora mismo. No estás para andar por ahí como si nada.

Sebastián, que estaba sirviendo café en cuatro tazas, casi deja caer la cafetera. Me miró con una mezcla de sorpresa y pánico.

—Te dije que no te movieras —murmuró, pero su voz salió más preocupada que regañona.

Me crucé de brazos, o lo intenté, el collarín no me dejaba mucho margen.

—Estoy aburrida —dije, casi como una niña caprichosa—. Cansada de estar acostada mirando el techo. No estoy acostumbrada a no hacer nada. Me siento inútil.

Mi mamá soltó un suspiro dramático y se acercó para ayudarme a sentarme en una de las sillas altas de la barra.

—Ay, hija, pero tienes que cuidarte. El doctor dijo al menos tres días de reposo.

Mi papá dejó el cuchillo sobre el plato y me miró por encima de las gafas que usaba para leer el periódico que había encontrado en la mesa.

—Claro, porque tu jefe te tiene esclavizada toda la semana —dijo, con ese tono medio en broma, medio serio que ponía cuando hablaba de mi trabajo—. Trabajas hasta las tantas, no comes bien, y ahora mira, un accidente camino al trabajo. Ese jefe tuyo tuyo debería darte más días libres, no menos.

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