Entrar Via

La esposa de Blackwood romance Capítulo 54

Entré en mi cubículo y cerré la puerta de cristal que nunca cerraba. Me senté. Miré la pantalla. Y seguí trabajando.

El comunicado salió a las cuatro y media. Breve. Frío. Profesional.

“Blackwood Enterprises confirma que su CEO, Sebastián Blackwood, contrajo matrimonio con Chloe Collins, su asistente ejecutiva, en una ceremonia privada hace dos semanas. Ambos piden respeto a su privacidad en este momento personal. No se ofrecerán más declaraciones.”

En media hora, las redes explotaron. Hashtags. Memes. Artículos de chismes. Fotos mías de LinkedIn circulando con titulares sensacionalistas: “De la oficina al altar: el romance prohibido del CEO millonario”. “La esposa de Blackwood”.

A las seis, Sebastián apareció en mi escritorio.

—Nos vamos —dijo simplemente.

No protesté. Recogí mis cosas y lo seguí al ascensor.

Bajamos al garaje subterráneo. Esta vez no había periodistas. Seguridad había reforzado las entradas. Subimos al coche en silencio.

Él condujo despacio, como si no quisiera llegar nunca a casa.

Cuando aparcamos en el garaje del apartamento, apagó el motor y se quedó mirando al frente.

—No sé cómo arreglar esto —dijo al fin, voz ronca.

Yo miré por la ventanilla.

—Tal vez no se pueda arreglar.

Silencio largo.

Luego, sin mirarme:

—Chloe… lo que dije esta mañana… fue un error. No debí dudar de ti.

Levanté la mano otra vez, como en su oficina.

—No quiero hablar de eso.

Abrí la puerta del coche y bajé.

Subí al apartamento sola.

Me encerré en el baño, abrí la ducha y dejé que el agua caliente me quemara la piel.

El secreto se había roto.

Y con él, algo dentro de mí también.

No sabía si podría volver a mirarlo a los ojos sin recordar cómo me gritó.

Sin recordar que, para él, yo seguía siendo solo una pieza en su tablero.

Aunque anoche se hubiera pegado a mí como si no pudiera vivir sin mí.

Aunque hubiera pedido perdón.

Aunque hubiera dicho “eres mi esposa”.

Todo se sentía falso ahora.

Y yo… yo estaba cansada de fingir.

Lo encontré en la cocina cuando salí del baño. Estaba de pie junto a la cama, Llevaba la camisa del traje desabotonada en el primer botón, las mangas remangadas hasta los codos. Parecía agotado, pero no derrotado. Sus ojos me siguieron cuando crucé el salón hacia la habitación.

—Chloe —dijo en voz baja.

No me detuve, tomé mi ropa y me encerré en el baño para vestirme.

Cuando salí, volvió hablar.

—Sé que no quieres hablar —empezó—. Y lo respeto. Pero necesito decirte algo antes de que esto se haga más grande.

No respondí. Solo miré al suelo.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La esposa de Blackwood