Entrar Via

La esposa de Blackwood romance Capítulo 53

Solo sabía que ya no podía fingir que esto era solo un contrato.

Porque ahora el mundo entero sabía que éramos marido y mujer.

Y ninguno de los dos estaba preparado para lo que eso significaba.

Salí de su oficina con las piernas temblando, pero mantuve la espalda recta y la mirada fija al frente. El open space parecía un escenario congelado: todos los ojos clavados en mí, algunos con curiosidad malsana, otros con lástima disfrazada de preocupación. Oí murmullos a mi paso, pero no distinguí palabras. Solo ruido blanco. Me senté en mi escritorio, encendí el monitor y abrí el primer correo que apareció en la bandeja de entrada. Era uno de Recursos Humanos pidiendo “una reunión urgente para discutir el impacto en la imagen corporativa”. Lo ignoré. Abrí otro. Y otro. Tecleaba respuestas automáticas, como si mi cuerpo supiera qué hacer aunque mi mente estuviera en blanco.

No miré hacia la oficina de Sebastián ni una sola vez. No quería ver su silueta detrás del cristal, no quería ver si me observaba o si ya había vuelto a su modo “todo bajo control”. Porque nada estaba bajo control.

Pasaron veinte minutos. Media hora. Una hora. Nadie se acercó a mi escritorio. Nadie se atrevió. Solo Laura, desde su puesto tres cubículos más allá, me lanzó una mirada rápida y luego bajó la cabeza, como si hubiera sido pillada espiando.

Mi móvil vibró en el cajón. Lo saqué con cuidado. Mensaje de mi madre:

“Mi amor, acabo de ver las noticias. ¿Estás bien? Llámame cuando puedas. Te quiero.”

Cerré los ojos un segundo. El nudo en la garganta se hizo más grande. No respondí. No podía. ¿Qué le iba a decir? ¿Que todo era un contrato? ¿Que habíamos mentido a sus caras durante semanas? ¿Que ahora el mundo entero sabía y yo no tenía ni idea de cómo iba a seguir fingiendo?

Otro mensaje. Esta vez de Sara, mi roommate, la que seguía creyendo que yo vivía con ella, pero trabajaba mucho.

“Chloe!!! Acabo de ver en T*****r que te casaste con tu jefe????? ¿Qué carajos? ¿Desde cuándo? ¿Por qué no me dijiste nada? Llámame YA.”

Apagué el móvil y lo tiré al cajón como si quemara.

A las once y media, Sebastián salió de su oficina. No me miró directamente. Caminó hasta la máquina de café, se sirvió uno negro sin azúcar y volvió a entrar. La puerta se cerró con ese clic suave que ya odiaba.

Me quedé allí, fingiendo trabajar, hasta que el reloj marcó las dos de la tarde. Tenía hambre, pero no apetito. Me levanté, fui al baño de mujeres y me encerré en uno de los cubículos. Apoyé la frente contra la pared fría y dejé que las lágrimas salieran por fin. Silenciosas. Contenidas. Nadie podía oírlas.

Cuando volví a mi escritorio, encontré una nota adhesiva pegada en el monitor. Letra de Sebastián. Precisa, angular.

“Reunión con RRHH a las 15:00 en sala 3. Ven sola. No digas nada hasta que yo llegue.”

La arrugué y la tiré a la papelera.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La esposa de Blackwood