Luego, se aseguraría de que se casara con una mujer de buena cuna, una dama de alta sociedad que pudiera apoyarlo tanto en su carrera como en el hogar.
Adrián también llegó temprano. Vestía un traje gris oscuro, de corte ejecutivo, que no lograba ocultar el aire de refinamiento que emanaba de él.
—¡Papá! —exclamó Fer al verlo y corrió a su encuentro.
Adrián lo levantó en brazos, lo hizo girar en el aire y el pequeño no paraba de reír. Selena, sentada en el sofá, platicando con Úrsula y Renata, ni siquiera lo miró cuando entró. Renata y Úrsula intercambiaron una mirada significativa.
La cena transcurrió en una atmósfera relativamente armoniosa. Después, Úrsula decidió que Fer se quedaría a dormir.
—Adrián, tú y Selena llevan mucho tiempo sin verse. Aprovechen esta noche para reavivar la relación —dijo Úrsula con una sonrisa.
La bisabuela, sin embargo, soltó un bufido.
—Si una relación necesita ser “reavivada”, es porque no queda mucho de ella.
Úrsula miró a la anciana, que parecía disfrutar de aguar la fiesta, y suspiró con resignación.
—Abuela, ¿ha oído el dicho “el roce hace el cariño”? —intervino Renata con una sonrisa—. Con el tiempo, el afecto crece.
—Llevan casi cuatro años juntos. Si hubiera algo, ya tendrían un segundo hijo corriendo por ahí —replicó la bisabuela con su lengua afilada.
Renata se quedó sin palabras.
Selena, para no poner a su suegra en una situación incómoda, se levantó.
—Mamá, prefiero llevarme a Fer a casa.
Úrsula no insistió y, en su lugar, llamó a Adrián para que subiera a hablar con ella.
—Adrián, dime la verdad. ¿Qué está pasando entre tú y Selena? —le preguntó Úrsula con seriedad.
—Mamá, tal vez casarme con ella fue un error —respondió Adrián con indiferencia.
—¿Un error? —El rostro de Úrsula se tensó—. ¿Van a divorciarse a nuestras espaldas?
La mirada de Adrián se ensombreció.
—¿Qué te ha dicho ella?
—Mamá, me exiges demasiado. ¿Acaso no le he dado regalos en cada fecha especial?
Úrsula se quedó atónita ante las palabras de su hijo.
—¿De verdad crees que amar a alguien se demuestra con regalos en fechas festivas? —le preguntó, mirándolo fijamente.
Adrián se ajustó los puños de la camisa.
—Estoy demasiado ocupado con el trabajo. ¿De dónde saco tiempo para juegos románticos?
Úrsula le dio una patada en la pierna.
—Decir que eres un insensible no es ninguna exageración. ¡No tienes ni la más mínima idea de lo que una mujer quiere!
—Quiere a su hijo, eso lo sé —replicó Adrián con sarcasmo.
Úrsula respiró hondo y, de repente, tomó una decisión drástica. Cerró los ojos y dijo, palabra por palabra:
—Si de verdad se divorcian, dale a Fer.

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