Pero, tras reflexionar, desechó la idea como algo improbable. Con una sonrisa, dijo:
—Papá, una noche que Adrián estaba borracho, me confesó que él y Selena se van a divorciar.
—¿De verdad? ¿Cuándo? —El rostro de Julián se iluminó de alegría. ¿Sería que por fin le llegaba la hora a su hija de ser feliz?
Jazmín negó con la cabeza.
—No me dijo cuándo, pero supongo que será pronto.
—Jazmín, ser madrastra no es fácil. ¿Estás segura de que estás preparada? Además, ese niño es hijo de Selena —dijo Julián, mirando a su hija con ternura. Ningún padre desea que su hija críe a los hijos de otra.
Los ojos de Jazmín brillaron con determinación.
—Papá, si logro casarme con él, lo primero que haré será tener un hijo. A medida que mi hijo crezca, el de ella quedará en segundo plano. Además, en cuatro años ella solo tuvo uno. Yo puedo tener tres.
Julián la miró asombrado. No imaginaba que su hija tuviera tal determinación. Si ya tenía planeado hasta el número de hijos, ¿qué podría detenerla?
—Jazmín, conozco tus ambiciones, pero tener hijos es muy desgastante. Si de verdad logras entrar en esa familia, tienes que cuidarte —dijo Julián. Su futuro dependía de ella; no podía permitirse ningún error.
Pero Jazmín respondió con una confianza arrolladora:
—Papá, ni siquiera hemos dado el primer paso. Lo de los hijos vendrá después, ahora no es momento de pensar en eso.
En ese instante, recibió una llamada que le cambió el semblante.
—¿En serio? ¿Se desmayó por la herida que tiene en la cabeza? —Escuchó un momento más—. De acuerdo, lo entiendo. Gracias por avisarme.

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