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La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 158

Al instante, la solución comenzó a burbujear. El líquido corrosivo devoró el metal, y el collar se retorció y se disolvió hasta convertirse en una masa informe, desapareciendo por completo.

Al destruir el collar, Jazmín sintió una oleada de seguridad. Ya no importaba quién había salvado a Adrián en realidad. Sin esa prueba, nadie podría demostrar que no había sido ella. El collar había estado en su poder, y fue a ella a quien él vio al abrir los ojos.

...

Patricia Álvarez llegó con un ramo de las flores favoritas de Selena. Mientras Selena las arreglaba en un jarrón, Patricia, con el corazón en un puño, le preguntó:

—Selena, ¿has pensado en lo que te dije la última vez?

Selena se detuvo un instante y asintió.

—Sí, lo he pensado.

—¿Y a qué conclusión llegaste? —insistió Patricia, preocupada.

Con la yema de los dedos, Selena acarició un pétalo.

—Últimamente he entendido algo importante —dijo con amargura—. Para poder amar a alguien, primero tienes que amarte a ti misma; y para buscar el amor, primero tienes que asegurarte el sustento. Un divorcio no es el fin del mundo, y la vida sigue.

—¿Quieres decir que vas a aguantar en este matrimonio por el bien de tu hijo? —preguntó Patricia, sorprendida.

Selena bajó la mirada y asintió con resignación.

—Supongo que sí. El divorcio puede parecer una salida liberadora, un borrón y cuenta nueva, pero el niño es demasiado pequeño. Quiero esperar a que crezca un poco, a que pueda tomar sus propias decisiones, y entonces lo volveré a considerar.

—Fer apenas tiene tres años. ¿Cuánto tiempo tendrás que esperar para que sea capaz de decidir? —La idea dejó a Patricia atónita.

...

Por la tarde, Leandro envió a alguien con seis macetas de orquídeas, entre ellas variedades mariposa, de primavera y otras de gran valor ornamental. Selena aprovechó el tiempo libre para arreglarlas en el jardín, con la ayuda de Patricia.

Poco después de las cinco, Adrián llegó con Fer. Al anochecer, mientras Adrián jugaba a la pelota con su hijo en el jardín, Selena se acercó con un vaso de agua y una toalla para secarle el sudor del rostro.

—Mami, ¡mira! Me caí, pero no lloré —dijo el pequeño, buscando su aprobación.

Selena se agachó para ver el pequeño raspón.

—¡Qué valiente! Pero la próxima vez ten más cuidado, ¿de acuerdo?

Justo en ese momento, el celular de Adrián sonó. Selena, que estaba cerca, pudo escuchar la voz melosa de Jazmín al otro lado de la línea. Adrián la miró de inmediato.

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