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La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 174

—No me toques… —A Selena le daba un asco terrible. Solo pensar que esos dedos habían tocado a Jazmín le revolvía el estómago. Lo empujó con una fuerza que sorprendió a Adrián, haciéndolo retroceder varios pasos. Su rostro era una máscara de furia.

—¿No eras tú la que quería actuar? —espetó.

Selena se arregló la blusa arrugada.

—A nadie le interesa ver demostraciones de afecto ajenas, así que no es necesario fingir eso. Y si de verdad no quieres que descubran la farsa, lo mejor es que evites este tipo de acercamientos.

Adrián sentía una opresión en el pecho. Las mujeres afuera se morían por estar con él, y la que tenía en casa no hacía más que alejarlo. Era el mundo al revés.

—Selena, no puedo pasarme cuatro años como un monje —dijo, sin rodeos—. Tengo veintiocho años, estoy en la flor de la vida. No aguantaría ni un año, y mucho menos cuatro.

Selena sabía que el tema saldría a relucir. Pero ella nunca le había pedido que se contuviera.

—Puedes buscar a alguien afuera. Puedes tener una cada día si quieres, no me meteré. Solo no me toques a mí —dijo, cruzándose de brazos con aire de negociación—. Eso sí, espero que tengas buen ojo y no traigas ninguna enfermedad a esta casa. Aquí vive un niño.

—¿Qué has dicho? —Adrián entrecerró los ojos, la ira contenida a punto de estallar—. ¿Me pides que busque a otra, mientras tú también planeas hacer lo mismo?

Selena se quedó helada. Se mordió el labio.

—Yo no tengo tantas necesidades. Puedo aguantar estos cuatro años.

—No te creo —se burló él.

—Me da igual si me crees o no. —Se dio la vuelta para marcharse.

Adrián la sujetó del brazo.

—Te pasas el día fuera. Podrías acostarte con quien quisieras y yo ni me enteraría.

—Si alguien me tratara con ternura, seguiría siendo la niña buena. Adrián, la persona que soy depende de con quién esté.

La mirada de Adrián se endureció. Entendió que ella todavía podía ser dócil, pero ya no con él. Recordó la forma en que le había sonreído a Leandro, tan cortés, tan dulce. Como una niña buena de verdad.

—Selena, solo con Leandro te portas bien, ¿no es así? —dijo con una sonrisa fría.

—Eres un ridículo —respondió ella, y bajó las escaleras sin mirarlo.

Adrián sintió como si le hubieran dado un puñetazo en el pecho. En ese momento, lo comprendió todo. Selena ya no lo amaba. Por eso era tan cruel, por eso no soportaba su contacto.

Una pesadez se instaló en su pecho. Recordó los últimos cuatro años. Admitía que nunca había sentido un gran afecto por ella. La trataba bien porque era la madre de su hijo. Pero nunca la había amado con pasión, nunca había sido romántico con ella.

Selena, en cambio, había sido una esposa ejemplar desde el principio. Hablaba en voz baja, nunca se oponía a sus decisiones, le consultaba todo. Era como una herramienta hecha a su medida.

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