Fabián, al ver que las dos jóvenes habían resuelto sus diferencias, sonrió.
—Selena, Lidia es la hija de un amigo. La puse en tu equipo para que aprendiera de ti.
Lidia sonrió para sus adentros. Qué buenas intenciones las del señor Castañeda. Lástima que Selena fuera tan retorcida y no estuviera dispuesta a enseñarle nada.
—No se preocupe, señor Castañeda. Como miembro del equipo, la trataré con igualdad y respeto —dijo Selena, con una diplomacia impecable.
Debajo de la mesa, Lidia apretó los puños con rabia.
—Selena, a partir de ahora, me tomaré mi trabajo en serio. Brindo por ello —dijo, decidida a llevar a cabo su misión. Le daba igual tener que humillarse. Sobre todo después de que Jazmín le prometiera que los méritos de la investigación serían suyos.
...
En un restaurante vegetariano, Jazmín esperaba a su invitada. Miraba por la ventana el ir y venir de los carros, pero en su mente solo veía la imagen de Adrián y Selena juntos en la fiesta de los Arias. Llevaba días sin comer ni dormir bien, con la sensación de que algo malo iba a pasar. Para averiguar qué era, solo se le ocurrió una solución.
La puerta se abrió y la abuela Rojas entró.
—Señorita Torres, este restaurante vegetariano que ha elegido es uno de mis favoritos.
—¿De verdad, abuela Rojas? Solo había oído que era muy bueno —dijo Jazmín, fingiendo sorpresa.
—Sí, lo es. —La anciana la miró de arriba abajo. Una chica tan guapa y de aspecto tan decente. Le gustaba cada vez más—. Abuela, siéntese. Aquí tiene el menú.
Jazmín le entregó la carta con una dulzura y una educación exquisitas.
—Si no cambia, tendrá que ser mi nieto el que la cambie a ella por otra.
Jazmín aflojó la presión de sus manos. La abuela Rojas se giró para mirarla.
—Señorita Torres, no sea modesta. Para mí, usted es mucho mejor que Selena. Sabe cómo tratar a la gente. Usted y mi nieto harían una pareja perfecta.
—Abuela, yo… —Jazmín se sonrojó—. No se burle de mí. No puedo compararme con mi prima. Lo único que sé hacer bien es ganarme su afecto.
—Con eso es suficiente. —La anciana le tomó la mano—. A partir de ahora, te llamaré Jazmín. Y quiero que me respondas a una cosa: ¿te gusta Adrián?
Jazmín contuvo la respiración, incrédula.

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