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La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 192

Mientras se dirigían montaña abajo, Selena mantuvo una expresión serena, sin mostrar ni un atisbo de tristeza.

Al mediodía, invitó a Cecilia a comer en su casa. Después de que su amiga se fuera, Patricia se acercó a ella, con el corazón encogido.

—Selena, lo que te dije la otra vez… no era del todo correcto. Está bien que pienses en tu hijo, pero también tienes que pensar en ti. —Sabía que su tía estaba preocupada por cómo sobrellevaba toda aquella situación tan humillante.

—Tía, lo tengo muy claro —respondió Selena, con una firmeza inquebrantable en la mirada.

El cielo comenzó a oscurecerse.

Los abuelos de la familia Rojas, que llevaban varios días sin ver a Fernando, llamaron para que fueran a cenar a la villa. Selena llevó a su hijo, pero al llegar, se encontró con una sorpresa desagradable: Jazmín estaba allí, sentada en el jardín, conversando animadamente con la abuela. Al ver que el carro de Selena se detenía, una sonrisa de suficiencia cruzó el rostro de Jazmín.

Selena bajó con Fernando en brazos, quien a su vez sostenía a su cachorro. Se acercó y saludó a la anciana con la debida cortesía.

—Prima, vine a darle a la abuela su terapia para las rodillas —dijo Jazmín con una sonrisa empalagosa.

Selena no tenía ganas de responder a su hipocresía, así que se dio la vuelta para entrar a la casa.

Fue entonces cuando Jazmín soltó, como quien no quiere la cosa:

—¡Ay, casi lo olvido! Los amuletos de la suerte que conseguí en el templo esta mañana todavía están en el carro. Eran para la abuela y para Fabio.

Al oír esto, la abuela Rojas se iluminó.

—¡Qué considerada eres, niña!

Selena se detuvo en seco y le lanzó una mirada a Jazmín, que ya se dirigía a su carro con paso apresurado. ¿Acaso no se cansaba de sus jueguitos infantiles? Era más que obvio que había esperado el momento perfecto para mencionarlo, solo para presumir.

Sin hacerle caso, Selena entró en la sala. Úrsula Naranjo estaba ocupada con los preparativos de la cena.

—Fer, ¿extrañaste a la abuela? —dijo Úrsula, tomando al niño en sus brazos con ternura.

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