¿Lo habían llamado para revisar las grabaciones?
Al instante, Jazmín supo lo que tenía que hacer. Se dio una ducha rápida y se puso un conjunto de ropa limpia que encontró en el armario. Era de Selena, y llevarlo puesto le producía una extraña sensación de superioridad.
Bajó corriendo las escaleras. En la sala solo estaban la abuela y Úrsula.
La anciana tenía una expresión sombría y le decía a Úrsula:
—Esa malcriada de Selena, ¿cómo pudo hacer algo tan ruin? La parte más profunda del estanque tiene tres metros. La señorita Torres no sabe nadar, y ella deliberadamente la…
—¡Abuela, no fue así, no malinterprete a mi prima! —interrumpió Jazmín, llegando a su lado—. Fui yo la que perdió el equilibrio. Había musgo en una de las piedras y resbalé.
La abuela la miró, desconcertada.
—¿Estás segura?
—Sí, es verdad —afirmó Jazmín con total seriedad—. Yo quería ayudar a mi prima a salir. Ni siquiera me tocó; fui yo la que, por las prisas de ayudarla, me resbalé.
Úrsula soltó un suspiro de alivio.
—¿Ves, mamá? Te lo dije. Selena es una buena chica, jamás lastimaría a nadie a propósito.
La abuela se convenció con las palabras de Jazmín. Su semblante se suavizó y la miró con aprobación.


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