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La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 197

—Mamá, alguien está intentando pescar algo grande, y yo soy la carnada —dijo Adrián con un sarcasmo que no ocultaba su amargura.

—Habla claro —le espetó Úrsula, mirándolo con severidad.

Adrián soltó un bufido.

—Dice que el niño es muy pequeño y que un divorcio le afectaría, así que ha decidido esperar cuatro años.

—¿De verdad dijo eso? —Úrsula estaba sorprendida. ¿Selena estaba pensando en el bienestar del niño?

—Sí, y no solo lo dijo, lo está cumpliendo al pie de la letra —replicó Adrián, recordando la forma en que lo había rechazado en el baño. Era evidente que ya no sentía nada por él.

—¿Y tú qué piensas? —El comentario de Adrián hizo que Úrsula reconsiderara sus propias ideas. Era cierto que Selena ya no era tan dócil como antes, y Jazmín, además de ser la heredera de Julián Torres, estaba demostrando ser una gran ayuda. Si Adrián y ella llegaran a tener algo serio, formar una nueva familia no sería una idea descabellada.

La propia Úrsula se escandalizó de sus pensamientos. ¿Estaba empezando a despreciar a la nuera que ella misma había elegido con tanto esmero?

—A mí me da igual. Si eso es lo que quiere, le seguiré el juego —dijo Adrián, apretando la mandíbula.

A Úrsula le dolió ver a su hijo tan dolido y despreciado.

—Bueno, Selena lo hace por el niño. Si ya no hay amor, supongo que pueden aguantar un tiempo por él.

—Me voy —dijo Adrián, asintiendo.

Úrsula vio cómo el carro de su hijo se alejaba y levantó la vista al cielo.

«Valentina, perdóname. Es todo lo que puedo hacer». Valentina Ramírez, la madre de Selena y su mejor amiga, había fallecido hacía años. Ahora, por el bien de su hijo menor, la lealtad de Úrsula flaqueaba.

...

Selena decidió trasladar su laboratorio del hospital militar de vuelta a las instalaciones de SemillaViva, que contaban con todo el equipo necesario. Ese día, varios de sus colegas la ayudaban con la mudanza.

—Selena, ¿ya te mudas de vuelta? —Una atractiva figura masculina apareció en la puerta.

Selena levantó la vista y vio a Yago Arias.

—Sí —respondió con una sonrisa—. Gracias por prestarme el laboratorio todo este tiempo.

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