Como Selena no conocía bien la zona, miró a Yago en busca de una sugerencia.
—No muy lejos de aquí hay un restaurante de cocina fusión llamado Sabor del Horizonte. Es bastante bueno, podrían probarlo —dijo él con amabilidad.
—Gracias por la recomendación, señor Arias. ¿Qué les parece si vamos a ese? —propuso Selena con una sonrisa.
A la una y media de la tarde, después de la comida, Selena se disculpó para ir a pagar la cuenta.
—Señorita, la cuenta de su mesa ya ha sido pagada —le informó la mesera con una sonrisa.
—¿Qué? ¿Quién la pagó? —preguntó Selena, sorprendida.
—Se cargó a la cuenta del señor Arias. Llamó hace un momento para autorizarlo.
Selena se quedó perpleja. ¿Por qué Yago habría pagado? ¿Sería que todavía se sentía en deuda por lo del medicamento?
Sacó su celular, buscó el número de Yago y le transfirió los setecientos ochenta pesos que había costado la comida.
[Señor Arias, agradezco mucho el detalle, pero por favor, acepte el dinero.]
Yago, que descansaba en su oficina, vio el mensaje y sonrió levemente. Estuvo a punto de escribir: «No tienes por qué, solo era una comida…», pero lo borró y, con un toque de astucia, respondió simplemente:

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