Al llegar a su destino, Jazmín bajó del carro, abrazando la caja de chocolates, y se despidió de Adrián con la mano.
Adrián la observó, viendo cómo atesoraba el regalo, y sintió una mezcla de emociones.
Era imposible no comparar. La frialdad de Selena hacía que el entusiasmo de Jazmín pareciera aún más genuino.
Si tan solo Selena tuviera la mitad de su pasión...
Pero, ¿a qué venía esa extraña expectativa? El carácter de Selena siempre había sido así, reservado y frío. Aunque, durante un tiempo después de casarse, ella había sido apasionada. Pero en ese entonces, a él no le interesaba.
...
Selena trabajó hasta las tres y media de la tarde. Llamó a su tía y se enteró de que Adrián había ido a recoger al niño.
Sacó su celular para ver si la maestra había enviado fotos del desempeño de Fer en la escuela. Efectivamente, encontró algunos videos de juegos. Fer se veía feliz y concentrado en sus actividades.
Selena sintió un poco de alivio. Justo cuando iba a guardar el celular, recibió un mensaje de Cecilia Muñoz: una captura de pantalla.
Luego llegó un audio de Cecilia:
—Selena, esta desgraciada está presumiendo otra vez. ¿Desde cuándo los chocolates de “Dulce Deleite” son un símbolo de amor?
Selena se quedó mirando la caja en la foto. Se parecía a la que Adrián había querido darle.
¿Acaso... Adrián, ese maestro de la gestión del tiempo, había comprado dos cajas de chocolate? ¿Una para contentar a la esposa y otra para consentir a la amante?
Ja, con tanto talento, ¿cómo no se creía el rey del mundo?
—Ceci, no le hagas caso. Haz como si no lo hubieras visto —le respondió Selena.
—¡Ya quisiera yo! Pero una cosa es no verlo y otra muy distinta es verlo y que te hierva la sangre. ¡Es una completa descarada! —Cecilia estaba furiosa.
Era normal que a cualquiera le molestara la presunción de una amante.
—Tranquila, no te enojes. Tómalo como si fuera una de sus actuaciones —dijo Selena, consolando a su amiga y agradeciendo su preocupación.
Sin embargo, la pequeña ola de inquietud que había sentido antes se había convertido en un sabor amargo en su boca. Un nudo agrio y difícil de tragar.
...
Selena no llegó a casa hasta las ocho de la noche. Patricia Álvarez estaba bañando a Fer. Al pequeño le encantaba jugar con el agua y no quería salir, así que Patricia intentaba convencerlo.
—Tía, déjame a mí —dijo Selena. Al ver a su hijo, el cansancio del trabajo se desvaneció al instante.
—Selena, ya regresaste —dijo Patricia, levantándose—. ¿Ya cenaste? Le pedí a la señora que te guardara algo.
—Sí, en un rato bajo a comer algo —asintió Selena en voz baja.
—De acuerdo, entonces vístelo mientras yo bajo a calentarte la cena —dijo Patricia, conmovida por el esfuerzo de su sobrina, que trabajaba demasiado.


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