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La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 206

¿En qué momento se había vuelto tan indeseable?

—Selena, ¿de verdad no podemos hablar tranquilamente? —insistió Adrián, sin darse por vencido.

—Entre nosotros ya no hay nada de qué hablar —dijo Selena, cerrando los ojos con un gesto de total rechazo.

Adrián la observó y comprendió que, en efecto, no tenía sentido seguir hablando.

—¡Bien, perfecto! —dijo, y se dio la vuelta para abrir la puerta y salir.

Al verlo irse, Selena suspiró aliviada. Cerró la puerta del baño con pestillo y empezó a ducharse.

Mientras el agua caía sobre ella, no pudo evitar recordar ciertas cosas. Aquella vez en el crucero, él le había hecho la respiración boca a boca a Jazmín una y otra vez, susurrándole palabras “románticas”. También recordó haberlo oído decir que llevaba cuatro años buscando a una chica que había hecho una buena obra sin revelar su nombre.

Para Selena, todo aquello era la prueba del amor secreto entre Adrián y Jazmín. Aunque él nunca lo había admitido, sus acciones demostraban su vínculo innegable.

Dicen que los hombres aman a través del sexo, mientras que las mujeres lo hacen a través del amor. Si Adrián seguía buscándola, era simplemente porque no la había “obtenido”. A ellos no les importaba, si veían una oportunidad, la aprovechaban.

Selena apretó los puños. Adrián quería tenerlo todo, pero no se lo iba a permitir.

...

Cuando Selena bajó después de bañarse, oyó el ruido de un carro afuera. Adrián se había ido.

Patricia miró hacia el patio y luego a Selena, que comía con la cabeza gacha.

—Papá se va a jugar tan tarde, ¿puedo ir yo también? —dijo Fer, señalando hacia afuera.

—Papá va a trabajar —le susurró Patricia para calmarlo.

Selena sintió una amargura en el corazón. Seguramente, como no había conseguido lo que quería de ella, se había ido a buscar a su confidente.

—Fer, ¿quieres que la tía te lea un cuento arriba? Así dejas que mamá coma tranquila —le propuso Patricia en voz baja.

—Está bien —asintió Fer.

Selena le agradeció a su tía con la mirada y decidió comprarle un regalo pronto. Justo al terminar de comer, sonó su celular. Lo tomó y vio que era su suegra, Úrsula Naranjo.

—Mamá —contestó Selena.

—Selena, cariño, mañana es el cumpleaños de Adri. Seguro que ya le tienes preparado un regalo, ¿verdad? —dijo Úrsula de inmediato.

Selena se quedó perpleja. ¿El cumpleaños de Adrián? Lo había olvidado por completo.

—Mamá, mañana tengo que trabajar hasta tarde —respondió con calma.

...

Úrsula, de pie junto a la ventana, se acercó a la puerta de la habitación y miró a su hijo menor, que dormía profundamente.

La llamada que le había hecho a Selena era, en realidad, para tantear sus planes para el día siguiente. Ahora que sabía que trabajaría hasta tarde, Selena no iría a la fiesta de cumpleaños.

¿Se convertiría Jazmín en la protagonista de la fiesta de su hijo?

Úrsula sentía un peso en la conciencia, pero por el bien de su hijo menor, no le quedaba más remedio que ir en contra de su corazón y favorecer a Jazmín.

Jazmín se había ganado el cariño de toda la familia, especialmente el de su hijo mayor, a quien además le había salvado la vida. Selena, en cambio, había sido el resultado de un error de cálculo suyo.

Ahora era el momento de corregir ese error y devolver las cosas a su cauce natural.

“Selena, lo siento. Por favor, perdona el egoísmo de esta suegra”, susurró Úrsula para sus adentros.

...

Al día siguiente, al mediodía, Adrián llamó a Selena. Su voz sonaba muy molesta.

—Mi madre dice que hoy tienes que trabajar hasta tarde.

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