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La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 214

—De acuerdo, ten cuidado en el camino —le dijo Úrsula.

En ese momento, en el dormitorio del segundo piso, Selena sintió un golpe en el corazón, un dolor sutil.

La forma en que su suegra había hablado con Jazmín ya no era la de antes, ya no era una simple cortesía. Era como si, de repente, la hubiera aceptado. Seguramente, en el fondo, también deseaba que ella y Adrián se divorciaran pronto.

Selena bajó la mirada, con una tristeza indescriptible. Desde la muerte de sus padres, el cariño de Úrsula había sido como una brisa primaveral que le había dado un sentimiento de pertenencia. Siempre la había tratado con respeto y afecto, como a una verdadera madre.

Antes, pensaba que si se divorciaba, nunca encontraría una suegra mejor que Úrsula. Qué rápido le llegaba el golpe de realidad.

Le dolía, le dolía que los lazos familiares también pudieran desvanecerse en un instante.

De repente, Úrsula subió y se detuvo frente a la puerta de Selena.

—Selena, ¿estás ahí? —preguntó.

Selena reprimió su tristeza y abrió la puerta.

—Mamá, ahora mismo bajo a ayudar a recoger.

—No hace falta, las señoras se encargarán —dijo Úrsula con una sonrisa—. Te veo cansada después de un día de trabajo, deberías descansar.

—Gracias, mamá, no estoy cansada —respondió Selena. No era cansancio, era tristeza.

—Bueno, entonces yo ya me voy. Le prometí a Fabio que le llevaría un trozo de pastel —dijo Úrsula sonriendo.

—De acuerdo, mamá, te acompaño —Selena bajó con Úrsula y la despidió en la puerta hasta que subió al carro.

—No te creo —él extendió la mano y le agarró el brazo—. Selena, no eres tan fría y despiadada. Te conozco.

Al oírlo, Selena se echó a reír y se soltó de su agarre de un tirón.

—Adrián, eres demasiado arrogante. Te permites no quererme, pero no me permites ser cruel. ¿Qué clase de lógica es esa?

—Me quisiste una vez, ¿cómo puede desaparecer el amor de repente? —Adrián estaba borracho, y sus pensamientos fluían con más libertad. Por supuesto, esa seguridad se la había dado la propia Selena en el pasado. Recordaba claramente una vez, durante un momento de pasión, que ella le había susurrado al oído que lo amaba. Las mujeres son sentimentales; si decía que lo amaba, era porque de verdad lo había amado.

—El amor, simplemente, desaparece —replicó Selena con una risa fría—. Nadie es tan tonto como para esperar un resultado en blanco.

Dicho esto, intentó entrar en el baño, pero un brazo la rodeó y la empujó contra la pared. El cuerpo de Adrián, como un muro, la aprisionó. Su respiración era agitada.

—Selena, te permito que te enfades, pero ¿no crees que ya es suficiente?

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