Selena miró al hombre enfadado, sus ojos llenos de una tristeza desoladora. Adrián tenía a otra en su corazón, pero aun así le exigía que cumpliera con sus deberes de esposa. La tristeza de Selena se convirtió en ira.
¡Zas!
La mano de Selena se estrelló, ni muy fuerte ni muy suave, contra el atractivo rostro del hombre. La bofetada pareció despertar al hombre de su furia. Adrián, atónito, bajó la vista hacia ella.
—¿Te gusta este regalo de cumpleaños? —dijo Selena, mordiéndose el labio.
Al segundo siguiente, lo empujó con fuerza y se metió en el baño.
Adrián, incrédulo, se tocó la mejilla abofeteada. Un escalofrío le recorrió la espalda. ¿Se había atrevido a pegarle? En cuatro años de matrimonio, era lo más atrevido que había hecho. Era como si una gatita hubiera sacado las garras y empezara a arañar.
Adrián saboreó el impacto de la bofetada y se dio cuenta de que no estaba tan enfadado como había pensado. Al contrario, el carácter explosivo de Selena le parecía mucho más interesante y vivo que su anterior apatía. El hombre, que antes estaba furioso, se calmó tras recibir la bofetada.
Dicen que los que se pelean se desean. Entonces, ¿qué significaba que Selena lo golpeara y lo insultara?
¿Que estaba loca por él?
Adrián se dio un diez por su interpretación.
...
Cuando Selena salió del baño, no vio al hombre por ninguna parte. Sintió un nudo en el pecho. En su fiesta de cumpleaños, Jazmín había actuado como la protagonista, riendo y bromeando. Y él se lo había permitido, ¿verdad? Los mayores de la familia Rojas ya habían aceptado la presencia de Jazmín.
Selena sabía que no le quedaban más opciones. Tenía que divorciarse, llevarse a su hijo y conseguirle la parte de la herencia que le correspondía. En el futuro, tanto si su hijo decidía dedicarse a la investigación como si prefería el mundo de los negocios, Selena tendría los medios para apoyarlo, y así habría cumplido con su deber de madre.
...
Al día siguiente, se celebró una cumbre médica en el centro de convenciones de Río Claro. Fabián Castañeda había dispuesto que Selena y Leandro asistieran.
Los artículos que Selena había publicado recientemente la habían hecho ganar renombre en la comunidad médica. En comparación, Jazmín también había publicado algunos artículos, pero sin mucho éxito.
De camino al centro de convenciones, Jazmín parecía desanimada. Adrián, a su lado, se dio cuenta de su preocupación.
—¿Qué te pasa? Llevas suspirando desde esta mañana —le preguntó con interés.
—Adri, en lo académico, nunca podré compararme con mi prima. Quizá tu inversión en el Grupo Torres fue una mala decisión —se lamentó Jazmín.
—No digas eso —la reprendió Adrián con seriedad—. Invertí en el Grupo Torres en parte para encontrar un tratamiento para Fabio, y en parte por ti.
Al oír la última frase, los ojos de Jazmín se iluminaron.
—Gracias por tu lealtad, y no te preocupes, no me rendiré. Es solo que... he oído que la Dra. Molina está buscando aprendices. Ya le he enviado mi solicitud, pero no sé si me aceptarán.


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