Una brisa fresca soplaba a su alrededor. Adrián miró a Selena y, por primera vez, se dio cuenta de lo hermosa que era en su quietud. Antes, la había mirado con prejuicios, pensando que bajo esa apariencia inocente y dulce se escondía un corazón calculador.
—La noche de hace cuatro años… —comenzó Adrián, sin saber cómo abordar el tema.
Al oírlo, Selena frunció el ceño con fastidio. Se lo había explicado innumerables veces, pero él nunca le había creído. Si quería usar eso como pretexto para que le cediera el puesto a Jazmín, estaba dispuesta a darle lo que quería.
—Sí, fui yo… —dijo, mirándolo con frialdad—. Fui yo quien, por el dinero y el poder de la familia Rojas, entró borracha en tu habitación. No me preguntes más, ahora también me arrepiento de haberte molestado.
¿Sería que, si lo admitía, Adrián por fin tendría una excusa para hablar de divorcio?
Adrián se quedó helado. Vio cómo ella, por el dolor, prefería admitir la culpa. Sintió como si le hubieran metido un puñado de cristales en el corazón.
—Selena, antes siempre lo negabas. ¿Por qué lo admites hoy? —le preguntó, al notar su agitación.
—¿No es esto lo que siempre has querido? —dijo Selena, apartando la cara, sin querer mirarlo—. Ya no quiero discutir contigo, Adrián. Dejémoslo así. Si quieres el divorcio ahora, siempre y cuando aceptes mis condiciones…
No pudo terminar la frase. Dos dedos le taparon los labios. A Selena, que ya sentía un profundo asco, le repugnó aún más sentir sus dedos sobre sus labios. Lo empujó con rabia.
—¡No me toques con tus manos sucias!
Adrián la vio limpiarse los labios con el dorso de la mano, con una expresión de asco, como si él tuviera una enfermedad contagiosa.
—Selena, ¿podemos hablar tranquilamente? —su rostro se ensombreció.
—Hablar sí, pero no me toques —le espetó ella, mirándolo con desdén.
—¿Sospechas que te engaño con Jazmín? —Adrián sabía que la frialdad de Selena en los últimos tiempos se debía a su cercanía con Jazmín.
—No me interesa saber quién está en tu lista de amantes, ni me importa —respondió Selena con una sonrisa fría.
Adrián, al ver que no podían salir de ese atolladero, decidió cambiar de tema y revelar la verdad.
—La noche de hace cuatro años fue un plan de mi madre. Tú no tuviste nada que ver.
Selena se quedó paralizada, con los ojos muy abiertos.
—¿Por qué hizo eso?

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