Selena sintió el calor de sus labios y casi se vuelve loca. Incapaz de soportarlo más, abrió la boca y lo mordió, haciéndolo sangrar. El dolor devolvió a Adrián a la realidad. Se limpió el labio con la mano y vio un rastro de sangre.
—Selena, ¿cómo puedes morder a la gente? —dijo Adrián, convencido de que en una vida pasada había sido un perro.
Selena no solo quería morderlo, también levantó la mano para abofetear a ese hombre engreído. Pero Adrián anticipó su movimiento y le sujetó la muñeca.
—Basta, Selena. Ya que todo se ha aclarado, deberíamos tomarnos esto en serio.
—Adrián, no intentes engañarme con la misma boca con la que besas a otras —dijo Selena, con el rostro enrojecido por la ira.
Adrián, ya harto, reprimió su enfado y la miró con seriedad.
—¿Cuántas veces tengo que decírtelo? Jazmín y yo solo somos amigos. Bueno, ahora nuestra relación ha avanzado un poco, la he aceptado como mi hermana. Es tu prima, y de ahora en adelante, será la hermana de los dos.
Al oírlo decir eso con tanta seriedad, Selena se echó a reír, de pura rabia.
—Adrián, ¿me tomas por una niña tonta? ¿Crees que con unas pocas palabras voy a creerte? ¿Hermana? ¿Te lo crees tú mismo? —Selena sabía que a los hombres les encantaba ese juego. Una relación ambigua a la que le ponían una etiqueta para justificarla.
—¿Y tú? ¿No te trata Leandro como a una hermana? ¿He dicho yo algo? —contraatacó Adrián con un argumento contundente.
—¡No es lo mismo…! —replicó Selena, confundida.

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