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La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 240

Adrián, conmovido, se acercó, lo levantó en brazos y lo llenó de besos.

—Hijo, ¡qué inteligente eres!

Fer se rio a carcajadas y lo apartó.

—¡Pinchas, no me beses!

Adrián se tocó la barbilla y se dio cuenta de que al niño le molestaba su barba incipiente. Lo llevó al baño y empezó a buscar en el armario.

—Qué raro, ¿dónde está la navaja de afeitar que me regaló tu madre? —dijo, enfadado al no encontrarla.

Salió de la habitación con Fer en brazos, cruzó el pasillo y oyó ruidos en la habitación de su hermano. Llamó y entró. Pedro estaba solo con sus dos hijos, que gateaban por el suelo.

—Hermano, ¿qué buscas? —le preguntó, curioso.

—¿Has visto una navaja de afeitar plateada en mi habitación?

Pedro lo pensó un momento y señaló su baño.

—Está aquí, llevo más de un año usándola.

—¿Quién te dio permiso para usarla? —dijo Adrián, con los ojos helados, lanzándole una mirada asesina a su hermano.

Pedro sintió un escalofrío.

—Vi que no la usabas, que estaba sin abrir, y pensé que no la querías, por eso la cogí.

—La próxima vez, no toques mis cosas —dijo Adrián, y se metió en el baño.

Efectivamente, la navaja que le había regalado Selena estaba en el armario, todavía un poco mojada. Pedro la había usado hacía una hora. Le gustaba besar las mejillas de sus hijos, y como a ellos no les gustaba su barba, se afeitaba a menudo.

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