Selena no le respondió. Renata supo que debía de estar ocupada y no insistió.
...
La cena estaba lista.
—Jazmín, sube a llamar a Adri y a los demás para que bajen a comer —le dijo Úrsula a Jazmín, que estaba sentada en el sofá.
Jazmín asintió dócilmente y subió las escaleras. Llamó a la puerta del dormitorio de Adrián. Cuando él abrió, ella le preguntó con aire de culpabilidad:
—Hermano, ¿está muy mal herido Fer?
Adrián sonrió al ver que se disculpaba por ello.
—No es nada, no te preocupes.
—Lo siento, no tengo experiencia con niños. No volverá a pasar —dijo Jazmín, compungida.
—No es para tanto, no le des más vueltas —dijo Adrián, convencido de que no lo había hecho a propósito.
—Bajen a cenar, ya está todo listo —dijo Jazmín, aliviada. Mientras Adrián no la culpara, todo estaría bien.
Luego fue a llamar a la puerta de Renata. Esta salió con su hijo en brazos, pasó a su lado sin mirarla y, al llegar a las escaleras, preguntó:
—¿Qué es ese olor tan... vulgar?
Jazmín se quedó helada. Adrián, que acababa de salir, también oyó la pregunta y frunció el ceño. Su cuñada siempre había sido así de directa, ya ni se molestaba en corregirla.
Jazmín, sin embargo, se sintió humillada. Los demás miembros de la familia no veían a través de su actuación, pero Renata, la actriz, sí. ¿La estaba llamando zorra?
Apretó los puños en secreto. Cuando sea la señora Rojas, pensó, se te acabarán los días de vino y rosas.
...
Abajo, la abuela ocupaba la cabecera de la mesa. Adrián se sentó a su lado con su hijo. Los dos hijos de Renata estaban al cuidado de la niñera. La estampa era de una armonía casi perfecta. La abuela miró a su alrededor y pensó que ojalá esa fuera su familia. Jazmín había ocupado el lugar de Selena.



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