Adrián, que estaba de pie junto a la escalera, escuchó la respuesta de Selena y sintió que su preocupación se desvanecía.
Hacía un momento, al ver a Leandro, había pensado que Selena iba a llevar a Fer a cenar con él otra vez.
—Adri, ¿estás ocupado esta noche? —le preguntó Leandro con una sonrisa.
—¿Qué pasa? —respondió Adrián con indiferencia.
—¿No viste el mensaje en el grupo? Jazmín dijo que quiere que nos reunamos esta noche —le recordó Leandro.
Claro que Adrián lo había visto, pero hoy no tenía ganas.
—Tengo trabajo esta noche, no podré ir —dijo Adrián, con la intención de que Selena lo escuchara.
A Selena no le interesó. Tomó a Fer de la mano y le dijo a Leandro:
—Leandro, mañana a las nueve estaré aquí puntualmente.
Leandro asintió.
—De acuerdo, aquí te espero.
Selena sonrió levemente y se dirigió con su hijo hacia donde estaba estacionado su carro.
Adrián, por la conversación que acababan de tener, percibió un tufillo de peligro. Mañana, ¿Selena y Leandro tenían una cita?
Sintió una opresión en el pecho, una sensación indescriptible, como si la flor que alguna vez fue suya hubiera sido trasplantada al jardín de otro. Y no importaba lo hermosa que floreciera, él ya no tenía derecho a admirarla.
Su orgullo le impidió preguntar sobre la cita de mañana.
—Adri, ¿de verdad no vas a ir en la noche? —preguntó Leandro, juntando las manos.
La mirada de Adrián se desvió instintivamente hacia ese gesto y entonces la vio: la pulsera de cuentas de madera marrón en la muñeca de Leandro.
No supo si fue por el brillo del atardecer, pero su aguda vista distinguió un pequeño dije redondo en la pulsera, con una letra grabada.
No pudo verla con claridad, pero tuvo la vaga impresión de que era la inicial de Selena.
—Me voy primero —dijo Adrián, sintiéndose como si le hubiera caído un rayo. Una mezcla de emociones se arremolinó en su pecho, dejándolo furioso, frustrado e impotente.
Leandro observó cómo su figura desaparecía dentro del carro y una sonrisa casi imperceptible se dibujó en sus labios.
Sí, lo había hecho a propósito.
***
El sol se ocultaba en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos anaranjados. El paisaje pasaba velozmente mientras Adrián, sentado en el carro, miraba por la ventana con la vista perdida.

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