Entrar Via

La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 263

Selena miró a Jazmín, arrodillada en el suelo y llena de remordimiento, y dijo con frialdad:

—Lárgate.

Jazmín negó con la cabeza, con el rostro contraído por la culpa.

—Prima, por favor, perdóname por lo del cereal de Fer. En ese momento estaba celosa de que te hubieras casado con Adrián, y mi resentimiento me llevó a hacer algo tan terrible.

—¿Perdonarte? —Selena se dio la vuelta y se sentó en el sofá de al lado, con indiferencia—. Tú lo dices muy a la ligera, pero el que salió lastimado fue mi hijo. Jazmín, aunque te arrodilles, no estás pidiendo perdón de corazón. Solo estás actuando hasta conseguir lo que quieres.

Jazmín sintió un escalofrío y levantó la vista hacia Selena.

Los ojos claros de Selena ya habían descifrado su verdadera naturaleza y su fachada.

Sintiéndose humillada, se levantó lentamente.

—Prima, gracias por dejármelo a mí. De todas formas, él es el padre de Fer. De ahora en adelante, te demostraré con hechos que no tengo ningún prejuicio contra el niño.

Selena sintió una oleada de asco. ¿Desde cuándo su divorcio con Adrián era algo por lo que Jazmín debía agradecerle?

—Jazmín, deja de creerte tan importante. ¿Crees que me divorcié para hacerles un favor a ustedes? —dijo Selena con una sonrisa despectiva—. Aunque has sido bastante descarada estos años, mi divorcio no fue para dejarte el camino libre.

—Lo sé, es porque ya no lo amas —respondió Jazmín, recuperando la calma—. Prima, nos conocemos desde niñas. Sabemos perfectamente cómo es cada una.

—Entonces, ¿qué haces aquí actuando? —se burló Selena con frialdad.

La expresión de Jazmín se tiñó de tristeza.

—Prima, lo amo, lo amo más profundamente que tú. Solo espero que no me guardes rencor.

—No es posible que no supieras lo que hicieron tus padres cuando se robaron el laboratorio —dijo Selena, sacando a relucir el pasado—. También intentaron robar el cuaderno de mis padres, y quién sabe cuántas trampas hicieron. No creas que no me di cuenta.

La expresión de Jazmín se volvió un poco forzada. Era cierto. Su mayor deseo, y el de su padre, era hacerse de un nombre importante en el mundo de la investigación.

—Prima, seguro que hubo un malentendido. Ahora, en BioMed Torres, hemos invitado a investigadores de primer nivel de todo el mundo. Aunque seamos competencia, es una competencia sana. ¿Por qué insistes en pensar mal? —dijo Jazmín con solemnidad, como si estuviera diciendo la pura verdad.

Selena ya no le creía ni una palabra. Era una mentirosa de pies a cabeza.

—Prima, Adrián y yo… cuidaremos bien de Fer, no te preocupes…

—Más te vale que te mantengas alejada de mi hijo. No pongas a prueba la determinación de una madre para proteger a su cría —le advirtió Selena.

—Prima, ¿qué es lo que te tiene tan a la defensiva? ¿Un matrimonio fallido, un esposo que nunca te amó, o la pérdida de tus padres te ha torcido el pensamiento? —Al ver que Selena sacaba las garras, Jazmín no se quedó atrás y contraatacó.

Los ojos de Selena brillaron con una furia helada.

—Jazmín, ¿de qué te sientes tan orgullosa? Si tienes agallas, ven a decirme todo esto cuando seas la señora Rojas, en lugar de andar ladrando como un perro que se cree león.

El rostro de Jazmín se puso lívido de rabia. Justo cuando iba a responder, sintió una oleada de náuseas en el estómago. Una sensación de asco la obligó a inclinarse, tapándose la boca y haciendo arcadas.

—Prima, me siento un poco mal… ya te pediré perdón otro día —dijo Jazmín y, con el rostro pálido, salió corriendo.

Selena, con la experiencia que tenía, al ver el comportamiento de Jazmín, no pudo evitar pensar que podría estar embarazada.

¿Embarazada?

Por ahora, Yago probablemente seguía en la etapa de amor platónico por Selena.

Amor platónico, qué cosa tan amarga. Adrián nunca se habría imaginado que ese hombre, un dechado de virtudes, pudiera estar enamorado en secreto de una mujer casada como Selena, cuando tenía a su disposición a tantas herederas y damas de sociedad.

Qué ganas de complicarse la vida.

***

Adrián llevó a Fer, recién despierto, a la entrada del Laboratorio SemillaViva.

Selena bajaba las escaleras hablando con Leandro, al parecer, de asuntos de trabajo.

Al ver que Selena siempre parecía tener a un hombre a su lado, la mirada de Adrián se ensombreció.

¿Acaso Selena disfrutaba de esa sensación de estar rodeada de hombres?

Leandro, al ver al hombre que esperaba en el descanso de la escalera con el niño en brazos, desvió la mirada y, de forma casi inconsciente, se tocó la pulsera que llevaba en la muñeca izquierda.

—¡Mamá! —Al ver a su madre, Fer saltó feliz de los brazos de su padre y subió corriendo las escaleras—. ¿A dónde me vas a llevar a cenar? ¿Con quién vamos a comer?

Selena, preocupada de que su hijo se cayera por correr tan rápido, aceleró el paso y lo tomó de la mano.

—Quedé de cenar con Ceci —le respondió en voz baja.

—¡Qué bien! La otra vez me dijo que me iba a dar un regalo —dijo Fer, que a medida que crecía, usaba palabras más complejas.

***

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Esposa Invisible que Dejaste Ir