A Adrián Rojas se le frunció el ceño. Por su mente cruzó la imagen de Jazmín Torres, desmayada en el mar aquel día, y por un momento, sintió una punzada de preocupación.
Así que, cargando a Fer, fue a la habitación de Selena Torres.
—Tengo algo que hacer, voy a salir. Cuida a Fer, por favor.
Dicho esto, y sin esperar la respuesta de Selena, bajó corriendo las escaleras.
Selena se inclinó para prepararle el baño al niño y escuchó a lo lejos el sonido del carro de Adrián al arrancar.
El murmullo del agua llenando la tina se parecía al de la sangre que corría a toda velocidad por sus venas.
—Mamá, ya se llenó —le avisó Fer, que jugaba con un patito de hule a su lado. Se asustó un poco al ver que el agua se desbordaba.
Selena estiró la mano y cerró la llave.
—Quítate la ropa tú solito y métete a bañar —le dijo con ternura.
A Fer le encantaba jugar en el agua, así que obedeció de inmediato.
Selena se llevó una mano a la frente.
Aunque se obligaba a no dejar que Jazmín afectara su vida, las palabras que le había dicho ese día se le clavaban como un montón de agujas finas y punzantes.
Un matrimonio fallido, un esposo que no la amaba, una mente demasiado sensible…
Sus burlas resonaban en su cabeza como un grito ensordecedor que no podía ignorar.
¿Dónde había quedado aquella muchacha competitiva que siempre luchaba por sacar el primer lugar en todo, la orgullosa Selena que se esforzaba por recibir elogios por su buen comportamiento?
En esos cuatro años de matrimonio, la realidad la había derrotado. Su orgullo se había desvanecido, su respaldo había desaparecido. Ahora solo se tenía a sí misma y a su hijo.
Las emociones que Selena había mantenido reprimidas brotaron de golpe en ese instante, rugiendo como un torrente de agua.
Hasta que las salpicaduras de Fer le cayeron en la cara, sustituyendo el impulso de las lágrimas que querían brotar.
Miró el rostro delicado y hermoso que tenía delante, bajó la cabeza y lo llenó de besos en las mejillas y en la frente. Finalmente, apoyó su frente contra la suya por un momento, y solo entonces el alma de Selena recuperó un poco de su color.
—Mi amor, ¿quieres a tu mamá? —le preguntó con una sonrisa.
—Claro, te quiero mucho, mucho —respondió Fer con una sonrisa de oreja a oreja, llenándola de calidez.
Selena asintió.
—Qué bueno, mi vida. Yo también te quiero muchísimo.
Las heridas en el corazón de Selena fueron sanadas por aquel pequeño rayo de sol.
***
En el hospital.
Eran más de las tres de la madrugada.
Jazmín despertó de un sueño profundo. Abrió los ojos y vio a Adrián recostado en el sofá, descansando con los ojos cerrados.
Sus pupilas temblaron y la alegría la invadió.
Él estaba ahí, velando junto a su cama. ¿Cuánto tiempo llevaría allí?
Jazmín giró la cabeza y vio a Federico Peña tumbado a su lado, su eterno admirador.
Tener a dos hombres cuidándola le dio a Jazmín una profunda sensación de logro.
Sobre todo, por Adrián. Al parecer, aunque de dientes para afuera le dijera cosas duras, en el fondo era incapaz de abandonarla.

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