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La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 287

Selena lo miró con expresión indiferente y respondió:

—No.

El corazón de Adrián sintió como si una piedra le hubiera caído encima, oprimiéndolo hasta dejarlo sin aliento. Las palabras que acababa de decir eran algo que antes ni siquiera se le habría ocurrido pensar; se había rebajado a suplicarle que hicieran las paces.

Su mente se quedó en blanco ante la frialdad de su rechazo y el orgullo no le permitió seguir humillándose.

Con el rostro rígido, el hombre se dio la vuelta y bajó las escaleras.

Selena regresó a su habitación, se dio una ducha y luego también bajó.

La empleada ya había preparado la comida y, con cierta vacilación, se dirigió a Adrián.

—Señor, la señora me ordenó que mañana regrese a trabajar a la villa. Dijo que enviará a una nueva empleada para que se encargue de mi trabajo.

Adrián, que estaba dándole de comer a su hijo, frunció el ceño al escucharla.

—Estás haciendo un buen trabajo aquí, ¿por qué mi mamá querría que te fueras?

—Bueno… no estoy muy segura —negó Manuela con la cabeza.

Adrián nunca se había involucrado en los asuntos de la casa; su madre siempre se había encargado de todo. Últimamente, debido a sus problemas con Selena, su relación con ella se había vuelto un poco distante.

Ya que era una decisión de su madre, no iba a intervenir.

—Está bien. Gracias por tu trabajo estos años, te daré una bonificación —dijo Adrián.

Manuela se alegró al oírlo y le agradeció de inmediato.

Selena comía con la cabeza gacha, pero por la conversación de ambos, pareció entender algo.

Tomó su celular y le echó un vistazo. Al parecer, tendría que mudarse más pronto de lo que pensaba.

Sin embargo, como aún no había cerrado el trato de la otra casa, Selena decidió instalarse temporalmente en un departamento que tenía en el centro.

Estaba muy cerca de la escuela del niño, e incluso contrataría a un chofer de tiempo completo para que llevara y trajera a Fer y a su tía.

Esa noche, Selena durmió plácidamente abrazada al pequeño cuerpo de su hijo, que olía a leche.

En la habitación principal, Adrián se pasó la noche en vela. A la mañana siguiente, tenía unas profundas ojeras.

Jamás imaginó que la actitud de Selena después del divorcio sería tan fría.

Ni siquiera como amigos; era peor que si fueran extraños.

Él solo era duro de palabra, pero cuando una mujer era dura, lo era de corazón.

Adrián estaba probando el sabor del abandono.

Se vistió y, al bajar, escuchó la voz de Selena desde la cocina.

—Fer, no te subas a la silla. Ya casi está listo el pan tostado, espera un poco.

Adrián se detuvo un segundo y bajó rápidamente las escaleras. Entró en la cocina y vio a Selena preparando el desayuno.

—¿Y Manuela? —preguntó con curiosidad.

—Entonces prepárale algo a Fer. Yo ya me voy a trabajar.

Adrián la vio a punto de irse y la sujetó del brazo con firmeza.

—¿Cómo vas a tener energía para trabajar si no comes bien?

—Tengo algo de comer en la oficina —dijo Selena, soltándose de su agarre. Se inclinó para disculparse con su hijo—. Lo siento, Fer. Te prometo que la próxima vez aprenderé a cocinar algo rico para ti.

Fer asintió, algo confundido.

—Está bien, mamá. Confío en que puedes hacerlo.

Selena le dio un beso en la frente.

—Mamá ya se va.

—Adiós, mamá —dijo Fer, agitando su manita.

Adrián vio a Selena irse sin siquiera despedirse de él y sintió una desolación que no podía describir.

¿De verdad se había convertido en aire para ella?

***

Selena salió de prisa. Primero fue al laboratorio a trabajar hasta las once de la mañana, y después contrató a una empresa de limpieza para que dejara impecable su departamento de cuatro recámaras y dos salas en el centro de la ciudad.

Al mediodía, Selena fue en su carro a un centro comercial y, a toda velocidad, compró todo lo necesario para la casa.

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