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La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 288

Su delgada figura arrastraba bolsas grandes y pequeñas, como una hormiga mudando su casa, yendo y viniendo una y otra vez hasta que por fin compró todo lo necesario para el hogar.

Regresó al laboratorio para continuar con el trabajo de la tarde. El avance de la investigación se había ralentizado de nuevo y Selena aún tenía varios proyectos científicos entre manos, por lo que sentía que veinticuatro horas al día no eran suficientes.

Pasadas las tres de la tarde, Selena le pidió a su tía, Patricia Álvarez, que la ayudara a recoger al niño. Lo llevó a su casa para que jugara un rato y, pasadas las seis, Selena pasó por ellos en su carro para llevarlos a cenar.

En la mesa, Selena les contó que se había mudado. Patricia se quedó sorprendida.

Fer levantó las manos, feliz.

—¡Sí, vamos a vivir en una casa nueva! ¡Amo a mi mamá!

Selena le acarició suavemente la cabeza.

—La casa de mamá no tiene un jardín grande ni un área de juegos. No sé si te acostumbrarás a vivir ahí.

Patricia intuyó que algo había pasado para que Selena se mudara tan deprisa, pero delante de Fer, no preguntó nada.

Esa noche, Patricia preparó una maleta y acompañó a Selena a su nuevo hogar.

Al encender las luces, la cálida iluminación hizo que todo el espacio se sintiera increíblemente acogedor.

—¡Wow, es un edificio alto! —exclamó Fer, corriendo hacia el ventanal para mirar hacia afuera—. Mamá, ¿esta es la casa donde vamos a vivir de ahora en adelante?

Selena dejó su bolsa y se acercó a su hijo, contemplando las miles de luces de la ciudad.

—Así es, Fer. Mamá te dará un mejor lugar para vivir en el futuro. Esto es solo temporal.

—¿Y Blanquito y Negrito? ¿Cuándo van a venir? —preguntó Fer, parpadeando con sus ojos oscuros.

Selena sonrió.

—Mañana mismo voy a buscarlos para que vengan a vivir con nosotros.

—¿Le pedimos a papá que los traiga? ¿Papá ya sabe que tenemos una casa nueva? —Fer era demasiado pequeño para entender lo que significaba una separación. En su pequeño corazón, su papá y su mamá todavía estaban juntos.

Selena se quedó helada un instante, pero enseguida lo consoló.

—Papá está muy ocupado, a lo mejor no tiene tiempo de traerlos.

—Bueno, entonces mañana no te olvides de ir por ellos, ¿eh? —Fer se contentó con la explicación.

Selena entró a la recámara principal para desempacar. Patricia la siguió y, preocupada, le preguntó:

—Selena, te mudaste tan de repente, ¿pasó algo?

—No es nada, tía. Simplemente sentí que no debía seguir molestándolo —Selena no se atrevió a decir que fue porque Úrsula había despedido a la empleada de la casa, lo cual era una forma indirecta de presionarla para que se fuera.

—De acuerdo. Esta casa es muy bonita y grande, es más que suficiente —A Patricia también le gustaba mucho el lugar.

Selena sonrió, aliviada.

—Tía, quédate a vivir aquí de ahora en adelante. Te necesito.

—Niña tonta, con que no te molesten mis regaños es suficiente —dijo Patricia, sintiendo un calor en el corazón.

—Claro que no. Te pareces mucho a mi mamá, tía. Contigo aquí, me siento tranquila —confesó Selena.

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