—No me interesa —respondió Selena con calma.
—¿Sabes que el sexo determina el ochenta por ciento de la conexión emocional en una pareja? —dijo Adrián, con una tranquilidad que rozaba la locura.
Selena apretó los labios. La verdad era que no, no lo sabía.
—¿Tienes algún problema en ese aspecto? Si es así, deberías ver a un médico —concluyó Adrián, y se dio la vuelta para irse a su recámara.
A Selena le pareció que todo era un completo disparate.
¿Qué pareja tenía intimidad con esa actitud de desprecio? Si Adrián siempre se comportaba con esa superioridad, lo normal era que no pasara nada.
Esa noche, Selena durmió abrazada a su hijo.
...
Al día siguiente, al mediodía, Adrián, que descansaba del trabajo, llevó a su hijo al parque. Selena, como de costumbre, se encerró en su estudio. Era veintinueve, víspera de Año Nuevo, y ella estaba más ocupada que nunca.
A Adrián le molestaba que su esposa fuera una adicta al trabajo.
A la hora de la comida, Selena salió del estudio. Sin una gota de maquillaje, su rostro pálido tenía una belleza natural y delicada.
Mientras le desmenuzaba la comida a su hijo, Adrián le preguntó:
—Ya casi es Año Nuevo. ¿Qué quieres de regalo? Puedes darme una lista.
—No es necesario, no me falta nada —respondió Selena sin dejar de comer.
La respuesta no sorprendió a Adrián. Llevaba tres años escuchando lo mismo. Las necesidades materiales de Selena eran simples; le daba más importancia a sus logros profesionales.
—Salgamos a dar un paseo por la tarde. Hace mucho que no hacemos algo en familia —propuso Adrián.
Aunque ella no quisiera nada, él sentía la obligación de darle algo. De lo contrario, en la cena de fin de año, no sabría qué decirle a su madre.
Selena lo pensó un momento y asintió.
—De acuerdo.
...
Poco después de la una, justo al terminar de comer, Adrián recibió una llamada.
La sala estaba en silencio. Selena, sentada frente a él, alcanzó a escuchar la voz de una mujer.
Adrián se levantó y salió al jardín para contestar.
—Adri, el doctor Velázquez es más difícil de convencer de lo que pensaba —se escuchó la voz frustrada de Jazmín—. Le ofrecimos las mejores condiciones del mercado, pero aun así, se negó.
—¿Cuál fue su razón para negarse? —preguntó Adrián, con el ceño fruncido.
Incluso siendo un físico de renombre, su investigación requería financiamiento. No tenía sentido que lo rechazara.
Tomó a su hijo en brazos y fue a buscar su carro. La forma en que Adrián cambiaba de planes era realmente exasperante.
...
Selena llevó a su hijo a ver a su amiga Cecilia.
—Mañana es Año Nuevo —dijo Cecilia cuando se encontraron—. ¿Tu esposo te ha regalado algo?
—No, ha estado muy ocupado —negó Selena.
—¿Y eso es excusa? —se indignó Cecilia—. Yo creo que simplemente no le nace. Selena, no es por ser mala, pero el tiempo y el dinero de un hombre delatan dónde está su corazón.
—Tienes razón —admitió Selena.
—Entonces... ¿de verdad no vas a luchar por él? —le preguntó Cecilia.
—Solo quiero luchar por la custodia de mi hijo. Dinero no me falta —respondió Selena, abrazando a Fer con fuerza.
Sus padres le habían dejado una suma considerable, y la dote que su suegra le dio al casarse también la había ahorrado.
Cecilia suspiró, pero respetó su decisión. Las prioridades de cada persona eran diferentes.
Selena y Cecilia pasaron la tarde de compras y cenaron antes de que Selena volviera a casa.

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