Selena se detuvo y se giró para mirar a Leandro.
Él la observaba con seriedad, esperando una respuesta.
—Quizás —respondió ella, con la cabeza hecha un lío. El niño era su punto débil. Ya había perdido a sus padres; no quería perder también a su hijo.
Una sombra de descontento cruzó la frente de Leandro.
—Señor Castañeda, el almuerzo está listo —dijo Lidia, acercándose con una sonrisa.
—Gracias por tu ayuda —respondió Leandro con indiferencia—. Es un lío tener la casa sin una mujer.
Al oír eso, Lidia pensó que le estaba insinuando que ella tenía potencial para ser la dueña de la casa.
—Señor Castañeda, yo sé hacer de todo. Si necesita ayuda en casa, puede contar conmigo —se ofreció de inmediato.
La mirada de Leandro pasó por encima de Lidia y se fijó en Selena, que ya había entrado a la sala.
—No quisiera molestarte siempre, no estaría bien —dijo, distraído.
Acto seguido, Leandro entró a la sala con pasos largos. Lidia no pasó por alto la mirada que él le había dedicado a Selena y sintió un escalofrío. ¿Acaso, para Leandro, Selena era la candidata a futura señora de la casa?
El corazón de Lidia se llenó de ira y celos. Miró a Selena con resentimiento, quien ahora estaba sentada junto a Fabián. Lidia entró en pánico. Fabián parecía tratar a Selena como a una hija. Si ella quisiera casarse con Leandro y convertirse en su nuera, solo bastaría una palabra suya.
«Selena, eres un estorbo», pensó Lidia, apretando los puños con rabia.
En el parque de diversiones, Adrián, con un cubrebocas puesto, observaba a su hijo jugar feliz en el tobogán. Llevaban allí desde las ocho y media de la mañana, y después de dos horas, el pequeño no mostraba signos de cansancio, pero a él ya le dolían las piernas de estar de pie.
—Fer, ¿ya no quieres jugar más? Papá te lleva a comer —le dijo Adrián con ternura.
—¡No! —negó el pequeño con la cabeza.
Adrián, sin saber qué más hacer, se quedó jugando un rato más. En ese momento, sonó su teléfono. Era Jazmín.
—Adri, conseguí el itinerario del Dr. Velázquez. ¿Tienes tiempo? Podríamos ir a verlo juntos —la voz de Jazmín sonaba ansiosa.
—Ahora mismo… estoy en el parque de diversiones —respondió Adrián.
—Sí.
Adrián sintió un gran alivio al ver que su hijo por fin estaba dispuesto a irse de aquel lugar tan concurrido.
—Adri, hablemos en el carro —dijo Jazmín con una voz suave pero seria—. Este Dr. Velázquez tiene una gran reputación tanto en radioterapia como en investigación genética. Además, ha participado en el diseño y desarrollo de instrumentos de precisión. Es un talento invaluable para nuestra empresa. Tenemos que convencerlo como sea.
Adrián asintió.
—Por lo que dices, vale la pena intentarlo. Pero el Laboratorio SemillaViva de Fabián viene pisando fuerte, y con el apoyo de varias compañías médicas extranjeras, ¿crees que el Dr. Velázquez nos elija a nosotros?
Eso también le preocupaba a Jazmín. Frunció el ceño mientras analizaba la situación.
—Por eso tenemos que adelantarnos. Además, el altercado que tuvo mi prima con él en el extranjero seguramente influirá en su decisión. Es un hombre muy orgulloso, y que ella le discutiera de esa forma tan directa seguro que creó roces entre ellos.
Una sombra de preocupación cruzó el rostro de Adrián.
—Entonces, ¿dices que no debería mencionar que estoy casado con Selena? —preguntó en voz baja.

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