Entrar Via

La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 55

—Sería mejor no hacerlo —respondió Jazmín, pero al instante se dio cuenta de que no debió decir eso y añadió en voz baja—: Adri, lo siento, no es mi intención crear problemas. Todo esto es por trabajo.

—No te preocupes. Si es necesario por trabajo, entonces no se menciona y ya está —Adrián se mostró comprensivo.

—Ella estuvo en la fiesta de tu empresa a fin de año —continuó Jazmín—. Aunque no se permitió que la prensa tomara fotos, seguro que pronto se sabrá que es tu esposa.

Adrián frunció el ceño.

—Sea como sea, por ahora mantengámoslo en secreto.

Una sonrisa casi imperceptible se dibujó en los labios de Jazmín. ¿Acaso Adrián también despreciaba ese matrimonio?

En un famoso restaurante local, Jazmín y Adrián pidieron un reservado. Jazmín miró por la ventana y vio a un hombre alto, vestido con una chaqueta informal, que subía por las escaleras.

—Es él, Gonzalo Velázquez, el señor Gonzalo del Grupo Velázquez —susurró—. El negocio principal del Grupo Velázquez está en el extranjero. No entiendo cómo un prodigio como Gonzalo insiste en dedicarse al campo de la física médica.

—¿Tan joven? —dijo Adrián, frunciendo el ceño—. Y no está nada mal.

—Sí, no tiene ni treinta años y ya ha logrado tanto —sonrió Jazmín—. Es como mi prima, de esas personas con un talento excepcional.

—¿Él y Selena estuvieron estudiando juntos en el mismo lugar durante estos diez meses? —preguntó Adrián de repente.

La mirada de Jazmín cambió sutilmente. Parecía que su plan comenzaba a dar frutos.

—Así es. Escuché que para entrar en ese programa de especialización se necesitaban más de cinco años de experiencia en investigación, haber publicado al menos diez artículos en revistas de prestigio y tener un posgrado. Además, había que pasar un examen de admisión muy difícil. Al parecer, solo trece personas en todo el mundo lograron entrar.

—¿Tan complicado? —se sorprendió Adrián. Con razón Selena había insistido tanto en ir.

—Sí, de nuestro país solo fueron tres. Gonzalo y mi prima se encontraron en el extranjero y, curiosamente, terminaron discutiendo por un tema académico —Jazmín soltó una risita—. En teoría, la gente del mismo campo, sobre todo en la cima, debería sentir un respeto mutuo.

Al oír esto, la expresión de Adrián se ensombreció.

—Adri, quédate aquí. Yo iré a invitarlo —dijo Jazmín, y se levantó para salir.

Gonzalo fue directo y su rechazo, tajante.

—Dr. Velázquez, ¿cómo puede pensar que nuestro único objetivo es el lucro? —exclamó Jazmín, desconcertada—. Debe ser un malentendido. ¿Quién pudo haberle dado esa información falsa?

—En este círculo, nada es nuevo. No hace falta ser tan explícitos, ¿verdad? —Gonzalo sonrió, sin perder la compostura—. La señorita Torres es una mujer excepcional, la admiro mucho. Si en el futuro surge una oportunidad real de colaborar, hablaremos. Ahora tengo otros asuntos, me retiro.

Dicho esto, Gonzalo se dio la vuelta y salió.

Jazmín se quedó paralizada, mirando con decepción la puerta cerrada. Luego, forzó una sonrisa amarga.

—Adri, este Dr. Velázquez tiene un carácter… Usar información falsa como excusa para rechazarnos…

El rostro de Adrián estaba sombrío y su voz sonaba gélida.

—¿Quién le dio esa información falsa?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Esposa Invisible que Dejaste Ir