—¿Estás… casada? —preguntó Gonzalo, atónito—. ¿Y tienes un hijo tan grande?
Selena soltó una risa nerviosa.
—Sí, él es mi hijo, Fer.
—Señor, ¡qué guapo es usted! —dijo Fer de inmediato, mostrando sus dientecitos de leche al sonreírle a Gonzalo.
Gonzalo se quedó sin palabras.
—A un señor que acabas de conocer no se le saluda así —le susurró Selena, tapándole la boca con timidez—. Se le dice «hola».
Fer parpadeó con sus grandes ojos negros, confundido. ¿No era eso lo que su mami le había enseñado a decir?
Gonzalo se levantó, le retiró la silla a Selena y llamó al mesero para pedir una silla para niños.
—Qué sorpresa. Pensé que eras soltera —dijo Gonzalo, sin saber si estaba decepcionado o sentía otra cosa.
Selena tenía un rostro tan fresco, como de una estudiante recién salida de la universidad, y una mirada limpia.
—Pequeño, ¿qué quieres comer? El señor te lo pide —dijo Gonzalo, aceptando la realidad.
—Quiero comer helado, ¿el señor me lo puede dar? —preguntó Fer con picardía.
—Bueno… —Gonzalo miró a Selena.
Ella negó con la cabeza.
—Me temo que no —le explicó Gonzalo al niño con dulzura—. Los niños no deben comer cosas frías, les puede doler la pancita.
—¡Mmm… el señor miente! —Fer se cruzó de brazos, empezando a enfadarse.
—¡Fer! —lo reprendió Selena, con la autoridad de una madre.
—Muchas compañías de biotecnología quieren contratarme. Lo estoy considerando —dijo Gonzalo, tomando un sorbo de té.
—¿Podrías considerar el Laboratorio SemillaViva? —le preguntó Selena, conteniendo la respiración.
—El Laboratorio SemillaViva es nuevo —respondió Gonzalo, frunciendo ligeramente el ceño—. He oído que ni siquiera han terminado de comprar el equipo. Y aunque tiene el respaldo de varias empresas, lo que parece prometedor, también podría ser solo una herramienta para generar ganancias. Me temo que no es un simple centro de investigación, sino más bien una incubadora de medicamentos comerciales.
—Independientemente del tipo de medicamento, el objetivo final siempre es llevarlo al mercado para salvar pacientes —explicó Selena con una risa nerviosa—. La investigación y el valor comercial siempre van de la mano.
Gonzalo no pareció convencido, pero sonrió.
—Y entonces, señorita Torres, ¿cuál es su propósito al unirse al Laboratorio SemillaViva?
Selena se quedó en blanco por un segundo. Su mente se aceleró. Decir que era para cumplir el sueño de sus padres sonaría falso; decir que era por dinero, demasiado interesado. Finalmente, una razón por la que debía luchar se le vino a la cabeza.
—Lo hago para pelear por la custodia de mi hijo —dijo, tomando aire y bajando la voz.

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