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La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 65

Selena se frotó los ojos, que le ardían por las lágrimas contenidas.

—Mamá… mamá, ya llegamos la tía abuela y yo —la vocecita de un niño interrumpió sus pensamientos.

Selena tragó la amargura y miró con ternura hacia el origen de la voz. Una pequeña figura corrió a abrazarla.

Apenas había pasado un día, pero el pequeño se aferró a ella, rodeándole el cuello con sus bracitos y llenándole la cara de besos.

Patricia, al ver la escena, sonrió conmovida.

Selena ya había ordenado la comida, y los tres se sentaron a esperar.

—Selena, ¿cómo va tu relación con el señor Rojas? —preguntó Patricia. Hoy, en la casa, había visto a Adrián. Su aire de nobleza intimidaba y su tono era bastante distante. A Patricia no le pareció la forma en que una pareja debería tratarse.

—Tía, comamos primero. No hablemos de eso —respondió Selena, forzando una sonrisa a pesar de la tristeza.

Patricia no insistió, pero sintió una punzada de dolor por ella. Recordaba cuando el esposo de su hermana y su hermana murieron en un accidente de carro. Selena, con solo veintidós años, tuvo que volver deprisa del extranjero. El laboratorio enfrentaba el cierre, los socios y colaboradores la presionaban, y la crisis de deudas la dejó completamente desorientada.

Después de comer, Selena llevó a su tía a casa y luego regresó con su hijo a la villa.

El pequeño se durmió en el carro. Mientras esperaban en un semáforo, pareció tener un sueño. Extendió su manita al aire, como si intentara agarrar algo.

—Mamá, no te vayas…

Selena lo vio por el retrovisor y sintió como si su corazón estuviera ardiendo.

Al llegar a casa, abrió rápidamente la puerta trasera para tomar a su hijo en brazos. Vio dos rastros de lágrimas en sus mejillas pálidas. Había tenido una pesadilla y había llorado en sueños.

Selena inclinó la cabeza y frotó su mejilla contra la del niño, sintiendo una ternura inmensa.

Respiró hondo y, de repente, se le ocurrió una idea. Si lograba desarrollar el medicamento para curar a Fabio Rojas, podría usarlo como moneda de cambio para conseguir la custodia de su hijo. Las probabilidades de éxito serían mayores.

Al darse cuenta de que él estaba ocupado, Selena lo pensó un momento y dijo:

—Nada, sigue con lo tuyo.

Colgó y le envió un mensaje a Gonzalo: «¿Puedo llevar a mi hijo?».

Gonzalo respondió con tres signos de interrogación.

«El niño no tiene con quién quedarse en casa. Si no es conveniente, lo dejamos para otro día», explicó Selena.

Unos segundos después, Gonzalo respondió: «Tráelo».

Con su aprobación, Selena le puso a su hijo un conjunto de ropa elegante y bajó con él en brazos. Le avisó a una de las empleadas y salió en el carro.

En un refinado restaurante francés, Selena apareció ante Gonzalo con su hijo en brazos. El rostro de Gonzalo era un poema. No podía creer que Selena tuviera un hijo.

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