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La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 68

Lo único que a Adrián le parecía diferente en ella era en la intimidad. Cuando la pasión la desbordaba, su rostro se encendía como una flor de durazno, una imagen sensual y delicada que, en ocasiones, Adrián extrañaba.

Pero… aunque tuviera el poder de despertar su deseo, eso no la eximía de la culpa de su traición.

Adrián abrió la computadora y, basándose en el acuerdo prenupcial, comenzó a redactar un nuevo documento de divorcio. Diez cláusulas, desde la primera hasta la última que estipulaba su entrada en vigor.

Una vez terminado, se lo envió de inmediato a su asesor legal para que lo revisara y se asegurara de que no hubiera ninguna laguna. El abogado lo corrigió al instante y se lo devolvió. La expresión de Adrián era de una frialdad absoluta.

—Selena, ¿esto es lo que querías? —murmuró con una mueca de autodesprecio.

La noche ya había caído. De camino a casa, para evitar que su hijo se durmiera, Selena le puso canciones infantiles. El pequeño cantaba con su vocecita, muy animado.

Al llegar, Selena vio la luz del estudio de la izquierda encendida y sintió un nudo en el estómago.

—Fer, ya llegamos. Ven con mamá —dijo Selena con dulzura mientras desabrochaba el asiento de seguridad y lo tomaba en brazos.

—Mamá, quiero oír más canciones… —protestó el niño, sin querer bajarse.

—Está bien, en un rato, mientras te bañas, te las pongo —rio Selena.

El pequeño se lanzó a sus brazos, feliz.

Selena subió al segundo piso con su hijo.

—Quiero ir a ver a papá —dijo el niño, retorciéndose en sus brazos.

Selena lo bajó, y él corrió como una flecha al estudio de Adrián.

En ese momento, Adrián estaba recostado en su silla, con un cigarro consumido entre los dedos. La habitación estaba impregnada de olor a humo.

En cuanto el niño entró, el hombre apagó el cigarro y lo levantó en brazos.

—Fer, no te quedes aquí, huele a humo.

—¿Ni siquiera a papá se lo puedes decir? —Adrián sintió una opresión en el pecho. ¿Acaso Selena planeaba borrar sus huellas?

—No —respondió el niño, cuya atención ya había sido capturada por un juguete sobre la mesa.

Adrián sintió que la cabeza le iba a estallar.

—Manuela, cuida a Fer, por favor —le dijo a una de las empleadas.

Manuela se acercó rápidamente y se sentó a vigilar al niño mientras jugaba.

Adrián subió las escaleras a grandes zancadas.

Diez minutos después, Selena salió de la ducha. Estaba tan distraída que olvidó que el día anterior había dejado su bata fuera. Se cubrió el pecho con una prenda y abrió la puerta a toda prisa para correr al vestidor.

Pero, en ese momento, chocó contra el pecho firme de un hombre.

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