Entrar Via

La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 69

El susto la hizo retroceder varios pasos. La ropa que sostenía para cubrirse se le cayó, dejando al descubierto su cuerpo esbelto y su piel blanca y suave.

—¡Ah! —soltó un grito y, por puro instinto, se agachó para recoger la prenda y cubrirse de nuevo.

Adrián, al verla tan a la defensiva, sintió que la ira le hervía por dentro.

—¿Qué pasa? ¿Acaso hay algo de ti que no haya visto? ¿Por qué te cubres? —su voz, cargada de un frío sarcasmo, la golpeó.

Aunque asustada, Selena lo rodeó y entró rápidamente al vestidor. Se puso la bata y se la ató con fuerza.

Cuando se dio la vuelta, el cuerpo alto y delgado del hombre bloqueaba la entrada, como un muro.

—¿Necesitas algo? —preguntó ella, tratando de mantener la calma. Era tarde, estaba cansada y solo quería acostar a su hijo.

Adrián observó su expresión indiferente, como si estuviera mirando a un extraño, y la furia se apoderó de él.

—¿Dónde estuviste esta noche? —preguntó, conteniendo la rabia.

Selena lo pensó. Había oído que BioMed Torres había estado intentando contactar a Gonzalo últimamente. Adrián era el mayor inversor del Grupo Torres. Si se enteraba de que ella había ido a convencer a Gonzalo de unirse al Laboratorio SemillaViva, seguro que se enfadaría.

Para evitar una discusión innecesaria, decidió mentir.

—Llevé a Fer a cenar con una amiga. ¿Algún problema? —respondió, levantando la vista hacia él.

—¿De veras? ¿Qué clase de amiga? —insistió Adrián.

—La conoces, Cecilia, mi mejor amiga —respondió ella, ya un poco irritada por el interrogatorio—. ¿Algo más?

Al oír eso, Adrián sintió como si la cabeza le diera vueltas. Esa mujer mentía sin sonrojarse, sin el menor atisbo de culpa. «¿Y yo qué esperaba?», pensó con desprecio.

Selena no quería seguir hablando. Intentó pasar a su lado para bajar las escaleras, pero la voz helada del hombre la detuvo.

—No —replicó Adrián, con una sonrisa cruel—. Al niño no te lo llevas. Él pertenece a la familia Rojas.

—Adrián… —el corazón de Selena se encogió. Sintió que todo se volvía negro—. Si no me das al niño, no te daré el divorcio tan fácil.

—Si no aceptas el divorcio, entonces tendrás que firmar otro acuerdo —ordenó Adrián con frialdad.

Selena lo miró con horror. ¿Tanta prisa tenía por darle un lugar a Jazmín? ¿Por eso la presionaba de una forma tan cruel?

—¿Qué acuerdo? —se mordió el labio—. Lo siento, no voy a firmar nada.

—¿Quieres ir a juicio? —Adrián, con su cuerpo imponente, se asemejaba a un depredador, perezoso pero letal. Se acercó a ella en pocos pasos. Su altura le permitía mirarla desde arriba, como si fuera una hormiga insignificante que podía aplastar con facilidad.

Aunque aterrorizada, Selena mantuvo la compostura. Al levantar la vista, los dedos del hombre le sujetaron la barbilla.

—Selena, tengo todo un equipo de abogados, los mejores del país. ¿Estás segura de que puedes ganarme?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Esposa Invisible que Dejaste Ir