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La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 87

—¿De verdad Selena no te quiere? —Úrsula se giró para mirar el rostro apuesto de su hijo.

Adrián había heredado la belleza de su padre y desde pequeño siempre lo habían elogiado. Úrsula pensaba que, con su atractivo y su brillante mente para los negocios, era imposible que no le gustara a Selena. Pero la realidad era que, por muy guapo que fuera, su carácter reservado y frío no ayudaba.

—Qué inútil —suspiró Úrsula con fuerza.

Adrián se quedó sin palabras.

—Busca una solución. Selena es una mujer que vale la pena —le dijo Úrsula con seriedad.

—Mamá, no bromees. ¿Me pides que le ruegue a una mujer que no me deje? No puedo hacerlo —para Adrián, eso era pedirle lo imposible. Con su estatus y su poder, nunca se rebajaría por una mujer.

—¿Te parece que estoy bromeando? —dijo Úrsula con voz grave—. Como marido, tienes la obligación de querer a tu esposa. Como padre, tienes la responsabilidad de velar por el crecimiento de tu hijo. Tu actitud de superioridad e indiferencia es una irresponsabilidad.

Adrián, que había empezado el día con una reprimenda, se sonrojó de vergüenza y su rostro se ensombreció.

—Mamá, hablaré con ella —prometió en voz baja, para evitar seguir escuchando el sermón.

—No te creo —Úrsula conocía a su hijo. Sabía que solo la estaba complaciendo.

Adrián no dijo nada más, su mirada se perdió en el vacío.

Úrsula suspiró.

Adrián acompañó a su madre a la salida del edificio, con el ceño fruncido. ¿Acaso Selena había enviado a su madre como emisaria? Por un lado, lo rechazaba con frialdad; por otro, la usaba para presionarlo. Esa mujer debía de estar loca.

El tiempo pasó. Era la fiesta de la familia. Últimamente, Selena se había dedicado a estimular la mente de su hijo, fomentando su capacidad de pensamiento y concentración. El pequeño, que al principio se distraía, ahora era capaz de mirar libros de cuentos con calma, escuchar poemas e incluso intentar resolver el cubo de Rubik de 2x2 una y otra vez. Ver a su hijo tan inteligente y curioso la llenaba de orgullo.

Ese día, la llamaron de la villa para que fuera a comer. Selena aún no tenía pruebas de la infidelidad de Adrián, pero no quería que los mayores de la familia Rojas notaran que su matrimonio estaba roto. Siempre que podía, asistía a los eventos familiares.

Apenas llegó a la villa y saludó a todos, sonó su celular. Era Fabián.

—Sí, mamá. Te encargo a Fer —dijo Selena. Se agachó para despedirse de su hijo, que la miraba con tristeza. Le dio un beso en la frente, sin saber cómo consolarlo.

Justo en ese momento, una figura alta y vestida de gris oscuro entró por la puerta. Era Adrián. Al verlo, Selena sintió un gran alivio. Con él allí, su hijo no se pondría tan triste.

Adrián se acercó y tomó al niño en brazos.

—Cuídalo. Tengo que salir —le dijo Selena con indiferencia, y tomó su bolso para irse.

Era demasiada coincidencia. Justo cuando él llegaba, ella se iba. El hombre la observó mientras su carro desaparecía por la reja, con una expresión compleja.

Selena llegó a toda prisa al laboratorio. Fabián le entregó un acuerdo de confidencialidad.

—Selena, el señor Castañeda confía en tu capacidad. Este asunto es urgente y muy importante.

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