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La Esposa Invisible que Dejaste Ir romance Capítulo 86

—Ese niño, Adri, siempre ha sido muy reservado. No te lo tomes a mal. No es que no te trate bien a ti; en realidad, es así de distante con todas las mujeres. Desde pequeño ha sido un reprimido —le explicó Úrsula con amabilidad.

Selena se quedó perpleja. Pensó que Úrsula no conocía bien a su propio hijo. Cuando un hombre, por muy reservado que sea, se encuentra con la mujer que le gusta, sabe ser romántico y apasionado.

—Mamá, ya hablaremos de eso más adelante. Ahora tengo que llevarme a Fer —dijo Selena en voz baja.

—Está bien. Conduce con cuidado —respondió Úrsula, dándose cuenta de que Selena no le había hecho caso—. El niño es de los dos, de ti y de Adri. No te cargues con todo. Cuando necesites que él se ocupe, déjaselo. Él es el padre, también tiene que cumplir con su responsabilidad.

Selena pensó que una suegra como ella era un tesoro: comprensiva, amable, razonable, imparcial y protectora. Cada vez que hablaban, se sentía reconfortada. ¿Podría quedarse con la suegra y devolver al marido?

Úrsula observó cómo el carro de Selena se alejaba, con una expresión de preocupación en el rostro. No, hablar con su nuera no era suficiente. Tenía que tomar medidas más drásticas con su hijo.

Al día siguiente, a mediodía, Úrsula se presentó en la puerta del despacho del presidente del Grupo Rojas con unos bocadillos caseros.

—Adelante… —la voz del hombre sonó autoritaria y distante.

Úrsula abrió la puerta de par en par.

—Mamá… —el hombre se levantó de su sillón de piel.

Úrsula, con cara de pocos amigos, dejó la cesta sobre la mesita de centro.

—Tu abuela me pidió que te los trajera.

Adrián, que desde pequeño había aprendido a leer el estado de ánimo de su madre, supo al instante que algo la tenía muy disgustada. ¿Sería por lo de la boda, porque Selena no se había quedado a comer con él?

—Mamá, con lo ocupada que estás cuidando a Fabio, ¿cómo sacas tiempo para traerme comida? —dijo Adrián, sentándose a su lado, tan dócil como un cachorro.

—Adri, eso sería destrozarle la vida a Selena.

—Mamá, sin amor, el matrimonio es solo una cáscara vacía. No puedo renunciar a la custodia de Fer —replicó Adrián con una frialdad glacial.

Úrsula sintió una punzada en la sien.

—¿No pueden evitarlo? —le suplicó—. Habla con Selena, intenta arreglarlo. No lleguen al divorcio.

El rostro de Adrián se mantuvo impasible durante un largo rato.

—Mamá, esto no depende solo de mí. Ya conoces mi forma de ser. Nunca fuerzo los sentimientos —dijo finalmente, con una sonrisa forzada.

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