Natalia encendió la computadora y miró el artículo casi terminado.
Solo le faltaba la conclusión. Una vez escrito, podría enviarlo a AI Science, la revista académica de Inteligencia Artificial más importante del mundo.-
En el comedor de la planta baja.
Gustavo le daba de comer a Mateo con voz suave, mientras Silvia, sentada frente a él, sonreía disimuladamente hacia el dormitorio principal del segundo piso.
—Doña Rosa, ve a ver por qué la señora aún no se ha levantado.
Inesperadamente, Gustavo mostró preocupación por Natalia por iniciativa propia.
La sonrisa se congeló en los labios de Silvia.
Silvia fingió una expresión de inquietud. —Gustavo, ¿crees que la señorita Valdés esté enojada? Seguro nos culpa a Mateo y a mí por venir a molestarlos.
Gustavo sonrió. —No, Nati es muy buena persona, no se enojaría por eso.
Silvia rodó los ojos ligeramente. —Pero si no está enojada, ¿por qué tarda tanto en bajar? Es obvio que le desagrada sentarse a comer conmigo.
Gustavo apretó los labios. —Nati no es de ese tipo de personas.
Silvia apretó los dientes en secreto.
¡Nati! Qué apodo tan hermoso.
¡No me digas que de verdad te has enamorado de esa cualquiera!
Tras teclear la última letra, Natalia guardó el documento con agilidad y se estiró en la silla.
Afuera, el sol brillaba y se respiraba un fuerte aire primaveral.
Natalia abrió la ventana y respiró hondo el aire fresco.
En ese momento, Doña Rosa tocó a la puerta y entró. —Señora, el desayuno está listo.
Natalia asintió. Podía soportar cualquier cosa, menos el hambre.
Bajó las escaleras y se cruzó justo con Gustavo, que estaba a punto de salir.
Silvia estaba de pie a su lado, sosteniéndole el maletín de forma atenta, y le preguntó con dulzura: —¿Quieres que te ayude con la corbata?
Gustavo sonrió y agitó la mano. —No es necesario.
Al levantar la vista, su mirada se encontró con la de Natalia en la escalera.
—Nati, ven a ponerme la corbata —la llamó Gustavo.
Natalia rió fríamente para sus adentros. ¿Qué se creía que era? ¿Un perro al que podía llamar y echar a su antojo?
—Lo siento, me duele el estómago y me siento mal —lo ignoró Natalia, sentándose sola a la mesa.


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