Karina recordaba que a Fabio antes le disgustaban este tipo de eventos donde todos competían por atención y nunca le permitía asistir.
Ahora... ja, Selena era su verdadero tesoro.
—Hermano, todas se ven tan elegantes y hermosas. Si no estuvieras conmigo, me sentiría un poco intimidada.
Fabio le acomodó un mechón de fleco a Selena.
—Es la primera vez que vienes a un evento como este, por supuesto que tenía que acompañarte.
Selena se frotó cariñosamente contra el hombro de Fabio.
—Hermano, qué bueno que estás aquí.
Karina los observaba con frialdad, sin sentir nada más que odio.
La familia Torres gozaba de un estatus considerable en Ciudad Centauro, por lo que era inevitable que fueran objeto de halagos y adulaciones en el mundo de la alta sociedad.
Fabio no podía zafarse fácilmente, así que Selena dijo que daría una vuelta por su cuenta.
Karina se acercó proactivamente para atenderla.
Llevaba un velo y mantenía la cabeza gacha, por lo que Selena no la reconoció.
Fabio, sin embargo, se quedó perplejo por un instante, pero luego pensó que era imposible y volvió a su conversación.
Karina, a propósito, condujo a Selena hacia la zona de hombres.
Pero era evidente que Selena tenía sus propios planes.
Quería convertirse en la compañera ideal de Fabio, y para ello, primero debía ampliar su red de contactos, así que se acercó a un grupo de señoras.
Selena era muy inteligente, se podría decir que era una experta en relaciones públicas.
Adoptó una postura humilde y, ante la indiferencia inicial de las señoras, se mostró serena y respetuosa.
Además, era obvio que había hecho su tarea, pues conocía a la perfección los gustos e intereses de cada una.
Pronto, las señoras comenzaron a verla con buenos ojos.
Selena se quedó atónita.
—Tú, ¿quién eres?
—Soy… la que viene a cobrar una deuda.
Karina se quitó el velo y, justo cuando Selena iba a gritar, le metió la tela en la boca.
Aprovechando su mayor estatura, la arrojó al sofá y le dijo con una voz siniestra:
—Gracias a ti, ahora soy una desempleada con una deuda de dos mil millones. De ahora en adelante, no haré otra cosa que vigilarte, seguirte a todas partes. Más te vale no despegarte de Fabio, no vuelvas a quedarte sola.
Los ojos de Selena se enrojecieron.
—Cuñada, no cometas un error, alguien podría entrar en cualquier momento.
—Sería mejor que alguien entrara. Lo que temo es que no venga nadie.
La sonrisa en los labios de Karina era gélida, su voz lánguida y despreocupada, proyectando un aura opresiva y dominante.

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