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La Guerra de Karina: Mi Destino es Mío romance Capítulo 47

Plaza Los Flamingos era el centro comercial de lujo de Ciudad Centauro.

Florencia entró del brazo de Karina.

Al ver que la heladería artesanal italiana del primer piso tenía nuevos sabores, comentó:

—Lástima que estoy en mis días, si no, me encantaría probar algo nuevo.

A raíz de esto, Karina recordó que la suegra de Florencia le había pedido que empezara a buscar un embarazo.

—¿Tú y Sebastián están pensando en tener hijos? —le preguntó.

Florencia negó con la cabeza.

—No voy a tener hijos con Sebastián.

Karina se sorprendió, pero como Florencia no dijo más, no insistió en el tema.

Llegaron a una tienda de ropa y Florencia la ayudaba a decidir qué color le quedaba mejor.

En ese momento, entraron varias señoras de sociedad.

Las vendedoras se disculparon con Karina y Florencia y corrieron a atender a las recién llegadas.

A Karina no le importó y siguió mirando ropa por su cuenta, hasta que escuchó una voz:

—¿No es esa la señora Torres? Selena, mira, tu excuñada está aquí.

Por puro reflejo, Karina puso los ojos en blanco.

«Debí checar mi horóscopo antes de salir. Me encontré con una pinche vieja», pensó.

—Karina, ¿y si mejor nos vamos a otra tienda? —susurró Florencia.

Karina no era de las que huyen, pero tenía una entrevista pronto y no quería gastar su buena suerte en una pelea con Selena.

Asintió y, tomando a Florencia de la mano, se dispuso a salir, pero una de las señoras se interpuso en su camino.

Karina notó que la mujer llevaba en la muñeca un superreloj de Andes Chip.

Miró a su alrededor y se dio cuenta de que estas eran las mismas señoras a las que Selena adulaba en la cena privada de SR.

Y todas llevaban uno de esos relojes.

El reloj inteligente era un dispositivo de alta tecnología que proyectaba una pantalla, podía reemplazar al celular y conectarse a varios aparatos.

Fue desarrollado por Fabio y su equipo, y hasta el momento solo se habían producido cien unidades.

Sin embargo, las preventas superaban el millón.

Su estrategia de marketing lo convertía en una especie de corona; como si usarlo te pusiera por encima de los demás.

En su momento, ella quiso regalarle uno a Florencia, pero Fabio le dijo que había una larga lista de espera, incluso para funcionarios del gobierno.

Y ahora Selena los repartía como si nada…

Karina sintió una opresión en el pecho.

Selena llevaba un vestido de alta costura de SR que se ceñía a su cintura. La tela, ligera y vaporosa, brillaba bajo las luces.

—Cuñada, hace días que no nos vemos. Ya te extrañaba.

Karina detestaba la hipocresía de Selena. Tomó la mano de Florencia e intentó salir por otro lado.

—Que Selena todavía esté dispuesta a llamarte cuñada es un halago. ¿Por qué no lo aceptas? —dijo la señora que las había detenido, la señora Morales.

—Todavía se cree la consentida de Fabio —añadió otra señora—. ¿A quién quiere impresionar con esa arrogancia? No es más que una arrimada.

—Esa ropa seguro es regalada, ¿no? Solo los mendigos usan ropa que les dan.

Las señoras se taparon la boca para reírse.

Los superrelojes detectaron su euforia y mostraron emojis de carcajadas.

Karina no quería más problemas, así que se obligó a contenerse.

Florencia, que conocía bien el temperamento de Karina, sabía que ella solía cobrar las afrentas en el acto.

Tanto en los negocios como en la política, pocos podían presumir de tener las manos limpias, y todas las presentes lo sabían.

Nadie se atrevió a enfrentarse a Karina.

Selena, que había querido usar a las señoras para humillar a Karina, se encontró con que el tiro le había salido por la culata. Su rostro se descompuso.

Florencia miraba a Karina con admiración.

Con un par de frases las había callado a todas. Era hermosa y letal.

Karina tomó a Florencia y salieron de la tienda. Selena las alcanzó.

—Estuviste increíble hace un momento, cuñada. ¿Te sientes satisfecha?

»Pero si yo fuera tú, no habría hecho eso. Es cierto que yo las invité para darte una lección, pero con lo que acabas de decir, lograste que su indignación por mí se convirtiera en un profundo odio hacia ti.

Selena sonrió.

—Ellas no solo tienen dinero, también tienen poder. Me temo que tus días futuros serán aún más difíciles. Te aconsejo que te vayas de Ciudad Centauro. El mundo es grande, ¿por qué aferrarte a este lugar?

—¿Terminaste? No me estorbes.

Karina levantó la mano derecha.

Selena, aterrorizada, se cubrió la cara con las manos.

—Cobarde —se burló Karina, y la empujó para pasar.

En el fondo, Karina sabía que esas señoras no serían fáciles de tratar.

Pero si ya las había ofendido, ¿qué más daba? Si venían a buscarla, se defendería. No había de otra.

La oportunidad de irse de Ciudad Centauro ya la había arruinado Fabio.

Y ahora, tenía una nueva oportunidad de trabajo.

Fabio y Selena, que se cuidaran y la esperaran…

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