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La Guerra de Karina: Mi Destino es Mío romance Capítulo 48

Karina siguió de compras como si nada hubiera pasado.

Pero a Florencia no le fue tan bien.

Cuando llegó a casa, Sebastián la recibió a gritos:

—¿Y tú quién te crees para criticar a la señora Morales? Aunque hubiera matado a Karina, no es tu problema. ¡No te metas donde no te llaman a buscarme problemas! Si mi carrera o mi padre se ven afectados, no te vas a librar de mí en la vida, y a tu abuelo tampoco le irá bien. ¡Atrévete a dudarlo!

Luego, se dirigió a una empleada:

—Quítale el celular a la señora. Que vaya a la capilla a arrodillarse y no salga en tres días.

Al regresar a Residencial Las Ceibas, Karina se puso a investigar en internet los detalles de los productos de Pulso Tech, los perfiles de los miembros del equipo y demás.

Tenía buena memoria, así que rápidamente lo memorizó todo.

Sin embargo, tenía otra pequeña duda.

Se había comprado varios conjuntos de ropa ese día y no sabía cuál ponerse para el día siguiente.

Le hizo una videollamada a Florencia, pero una empleada le dijo que se estaba bañando.

Justo en ese momento, llegó el profesor Solano, así que colgó la llamada y fue a abrir la puerta.

Ariel sostenía otro plato de granada pelada.

—Los chefs del restaurante de Residencial Las Ceibas son muy esmerados. —comentó Karina con sincera admiración.

Ariel no dijo nada.

La granada de hoy la había pelado él, porque Karina no la había podido comer el día anterior.

La de ayer también la había pelado él. Como no quería manchar el reloj que Karina le había regalado, se lo había quitado y guardado en el bolsillo.

No esperaba encontrarse con Fabio; de lo contrario, habría presumido el reloj. La decepción lo mantuvo despierto toda la noche…

—Profesor Solano, pase, por favor. Justo quería consultarle algo.

Karina fue tan cortés que incluso usó el trato de «usted».

Una leve sonrisa se dibujó en los labios de Ariel.

Entró detrás de Karina, sin esperar que lo llevara a su habitación.

¡Entrar a la habitación de Karina! No estaba preparado para eso.

Karina notó que ya no escuchaba sus pasos, se dio la vuelta y lo buscó.

Lo vio de pie a contraluz; un halo de luz iluminaba sus orejas, que estaban ligeramente rojas.

—¿Profesor Solano? Pase.

Karina lo invitó a entrar sin la menor timidez.

—Ya voy —respondió Ariel.

Antes de entrar, Ariel había considerado varias posibilidades. ¿Quizás Karina no alcanzaba un bolso en la parte superior del clóset? ¿Se había fundido una luz del baño? ¿Algún enchufe no funcionaba?

Jamás se le ocurrió que Karina le pediría ayuda para elegir ropa…

—Mañana me reuniré con el nuevo director de Pulso Tech. ¿Qué conjunto cree que sería más apropiado?

Karina señaló su clóset.

Su lógica era que, como Ariel tenía un amigo en Pulso Tech, probablemente sabía si el nuevo director era hombre o mujer, y qué edad tenía.

Le daba mucha importancia a este trabajo y quería causar una buena impresión.

—¿Lo dices en serio? —preguntó Ariel.

—Sí, la primera impresión es muy importante —respondió Karina.

Ariel se dio cuenta de que Karina estaba demasiado ansiosa.

Todo era por la presión de Fabio. Las ganas de acabar con él volvieron a surgir.

Pero él había seguido a Karina desde que tenía diecisiete años y la conocía un poco.

En ese momento, lo único que ella necesitaba era un arma.

¡Para calmar el odio en su corazón y vengarse de su enemigo con sus propias manos!

Las yemas de sus dedos estaban cálidas y húmedas. Al tocar su piel, se retiraron al instante, con delicadeza.

Pero su aliento cayó silenciosamente cerca del oído de Karina.

Karina sintió claramente cómo su respiración, tibia pero con un toque fresco, hizo que la piel de esa pequeña zona se contrajera y luego se expandiera rápidamente.

Ariel sintió que Karina lo miraba y levantó la cabeza.

Sus miradas se encontraron por un largo momento.

Tenía un pliegue muy sutil en los párpados que se marcaba al bajar la mirada. Su sonrisa cortés desapareció, y en sus profundos ojos negros, se agitaba una corriente oscura que Karina no pudo descifrar.

No supo cuánto tiempo pasó.

—Listo —dijo Ariel en voz baja.

En cuanto él soltó el pañuelo, Karina dio un paso atrás, creando una distancia deliberada entre ellos.

—Gracias.

Ariel levantó la muñeca y miró la hora.

—Es mejor que te comas los granos de granada esta noche. Si no te los terminas, envuélvelos en plástico de cocina, saca todo el aire y mételos al refri. Si te da flojera, mándame un mensaje y bajo a ayudarte. No te los comas si se ablandan, para que no te caigan mal…

Karina frunció el ceño.

Ariel se calló. «¿Otra vez me está regañando por hablador?», pensó. ¿Había vuelto a hablar de más?

«Si pudiéramos vivir juntos, podría cuidarla personalmente y no tendría que darle tantas instrucciones…», se lamentó.

Esa noche, Karina no durmió muy bien.

No dejaba de pensar en cómo causar la mejor impresión en su reunión con el director.

Al amanecer, se levantó rápidamente, se arregló, desayunó en el restaurante de autoservicio y se dirigió a Pulso Tech.

Justo cuando se subía al taxi, recibió una llamada de Caro.

—Mamá, tengo fiebre —dijo Caro con voz débil—. Quiero que vengas a cuidarme.

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