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La Guerra de Karina: Mi Destino es Mío romance Capítulo 63

—Con razón el pronóstico del tiempo decía que iba a llover, resulta que nuestro solecito estaba llorando otra vez.

La voz de Karina llegó antes que ella.

Los ojos apagados de Ariel y Melisa se iluminaron de repente y ambos giraron la cabeza al unísono.

Karina se acercaba a ellos, bolso en mano.

Su cabello ondeaba con cada paso, sus ojos almendrados ligeramente rasgados, sus labios rojos curvados en una leve sonrisa.

Transmitía una sensación de calma que sanaba el alma.

—¡Señora!

Melisa corrió hacia Karina.

Su intención era abrazarle las piernas como solía hacer.

Pero no esperaba que la señora le pusiera las manos bajo las axilas y la levantara en brazos.

Melisa rodeó el cuello de Karina con sus brazos. Las lágrimas aún no se habían secado en sus mejillas, pero ya no pudo evitar sonreír.

Ariel se puso de pie, visiblemente aliviado.

—¿Qué quieres cenar? Yo voy por la comida.

—¿Hay platillos de Puerto Velero? —preguntó Karina.

—Sí, todos los días.

Ariel fue a buscar la comida.

Karina, fingiendo no saber por qué lloraba Melisa, le preguntó de nuevo.

Cuando Melisa, entre titubeos, le dijo que quería invitarla a su evento familiar, ella aceptó sin dudarlo.

—Claro que sí, justo mañana no trabajo.

—¿De verdad? ¿La señora de verdad puede acompañarme?

Karina asintió.

Melisa, feliz, abrazó a Karina y le dio un beso.

Luego abrazó a Ariel, que regresaba con la comida, y también le dio un beso.

No dejaba de sonreír de oreja a oreja.

Si Karina asistía al evento como tutora de Melisa, inevitablemente sería objeto de chismes.

Ariel estaba a punto de decir algo, pero Karina se le adelantó con un tono autoritario:

[¿Cómo te llamas?] se atrevió a preguntar.

Ella lo miró de reojo y respondió sin miedo:

[Soy Karina, de Ciencia e Ingeniería Microelectrónica en la Universidad del Sol Austral de Ciudad Centauro.]

***

El Jardín de la Élite no se centraba en la educación académica tradicional.

Daba más importancia al desarrollo físico de los niños.

Las clases incluían equitación, danza, baloncesto, tiro, tenis, esgrima y hockey.

Fuera del campus, organizaban actividades como alpinismo, surf, esquí y campamentos de verano en el extranjero.

Los eventos familiares se celebraban dos veces durante las vacaciones de verano.

Uno al inicio, para que los padres vieran las áreas de oportunidad de sus hijos.

Otro al final, para que presenciaran su progreso.

Aunque se llamaban "actividades", en realidad eran competencias.

Había trofeos y clasificaciones, todo para fomentar el espíritu competitivo de los niños.

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