Entrar Via

La Guerra de Karina: Mi Destino es Mío romance Capítulo 62

—Caro está muy emocionada, no para de insistir en que usemos atuendos familiares a juego.

—¿Atuendos familiares? —Fabio se acercó a Caro—, ¿no que no te gustaba usar eso?

Karina había comprado una vez un conjunto familiar, de un estilo moderno y dulce.

Pero a Caro no le gustó y lo tiró a la basura.

En ese momento, él dijo que si a la niña no le gustaba, no tenían que usarlo.

Karina no dijo nada, simplemente lo sacó de la basura, lo lavó y lo donó.

—Es que mamá no sabe comprar —dijo Caro con convicción—. A mí me gustan así.

Fabio tomó la tablet que le ofrecía Caro.

Mostraba un vestido de princesa brillante, cubierto de lentejuelas como un cielo estrellado.

Fabio le pellizcó suavemente la mejilla.

—Mi princesita, esto no es adecuado para un día de deportes. Además, tu mamá no se lo pondría.

Selena se tensó ligeramente y la sonrisa en su rostro se desvaneció.

—Papá, ¿ya se te olvidó? —dijo Caro—. Ya no queremos a mamá. Mañana quiero que mi tía Selena sea mi mamá.

Fabio se quedó en silencio.

Selena, sin decir nada, se retiró de la sala.

—Llámale a tu mamá —le dijo Fabio a Caro—. Ella te acompañará.

—Ya sé que lo hará, pero no quiero.

Fabio estaba a punto de decir algo más cuando su celular vibró continuamente.

Pensó que era una llamada, pero resultó ser un mensaje multimedia de un número desconocido.

En las fotos, Karina, envuelta en una bata de baño, entraba a casa de Ariel, ¡y salía dos horas después vestida con ropa casual!

Fabio pensó que era una broma y buscó rastros de edición o de un montaje con inteligencia artificial.

Pero la realidad era que todas las fotos eran auténticas.

Hoy no llevaba tacones, así que sus pasos sobre el suelo de terrazo apenas hacían ruido.

Antes de acercarse, escuchó a Melisa decir:

—¿De verdad no puedes invitar a la señora a mi evento familiar?

—Tiene mucho trabajo —respondió Ariel con voz suave—. Además... ¿Caro no la invitará a ella?

—Pero Caro dijo en clase que iba a ir con su tía.

Ariel se quedó perplejo por un momento.

—Melisa, mi amor, ¿no es suficiente con que papá te acompañe?

—Sí, pero... ¡papá, tú no puedes reemplazar a mamá!

La voz de Melisa temblaba, llena de tristeza y decepción. Bajó la cabeza, y sus ojos se llenaron de lágrimas.

A Karina le dolió el pecho, una punzada aguda y repentina.

Melisa era la hija de la doctora Nayeli. Racionalmente, sabía que debía cuidarla aún más.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de Karina: Mi Destino es Mío