Al terminar la entrevista, el reportero le dio la mano a Fabio y, junto con el camarógrafo, se adentró en la expo.
—¿Viste a la mujer que acaba de pasar? Con esa altura, ese cuerpo, esa cara... Me moriría feliz si pudiera acostarme con ella una vez...
—Mejor compórtate. Es la mujer del director Torres.
—Hace mucho que se aburrió de ella y la desechó...
Justo en ese momento, ambos levantaron la vista y vieron a Karina. No pudieron apartar la mirada. Karina estaba ayudando a Germán a sostener un cartel que necesitaban colgar. Su blusa se había subido un poco. Dejando al descubierto una cintura esbelta, con una curva suave y fluida que se extendía naturalmente hacia sus caderas, formando un semicírculo perfecto.
El reportero tragó saliva. —Hoy voy a acostarme con ella. En un rato me cubres —dijo en voz baja.
—Compórtate —dijo el camarógrafo—. Es gente de Fabio. Aunque se haya cansado de ella, no te toca a ti moverle un pelo.
—Mi tío político es amigo de su padre, no se atreverá a tocarme... Además, la tipa no es virgen. No pasará nada si me divierto con ella una vez sin que nadie se entere.
El reportero se pasó la lengua por los labios, la mirada fija en Karina, ardiente y lasciva. Esa cinturita, ese trasero... Quién sabe qué tan bien se sentiría apretarlos...
***
En media hora, Karina y Germán terminaron el trabajo que quedaba en el stand.
—No hay mucha gente ahora. Iré a dar una vuelta —dijo Karina.
Germán asintió.
Después de recorrer la mitad del lugar, Karina se dio cuenta de que su "crimen" de espionaje comercial era visto con un repudio universal. Quiso ver los nuevos materiales de silicio de Astro Futuro, pero antes de acercarse, un empleado la fulminó con la mirada. Luego fue a Impulso Tech. Quería hablar sobre la cobertura completa del proceso de circuitos analógicos para facilitar una futura colaboración. Pero el gerente, al verla, la miró con el mismo asco que si viera a un apestado.
Karina intentó con los medios. Pero todos parecían haberse puesto de acuerdo; al hacer tomas generales, omitían deliberadamente el stand de Viva Chip. Su stand era el único desierto en toda la exposición.
Unas cuantas clientas que se acercaron por Germán aprovecharon para manosearlo un poco. La cara de Germán se agrió tanto que terminó ahuyentándolas.
Ver el stand de Andes Chip abarrotado de gente mientras el suyo estaba vacío la desanimó bastante. El superreloj de Andes Chip, el chip de reconocimiento ocular... todo había sido idea y creación suya. Era como Caro. La había llevado en su vientre durante diez meses, la había nutrido con su propia sangre y la había criado con un esfuerzo inmenso, solo para que al final llamara "mamá" a otra persona... No había palabras para describir lo que sentía en ese momento.
***
Gracias a la presencia de Fabio en la expo, el stand de Andes Chip estaba completamente rodeado de gente. El aire acondicionado era claramente insuficiente. Fabio, impecablemente trajeado, tenía la frente cubierta por una fina capa de sudor. Se aflojó la corbata con irritación.
Selena examinó al hombre. Llevaba una playera tipo polo gris con una pluma en el bolsillo izquierdo. Su cabello estaba bien peinado, y las canas a los lados le daban un aire de elegancia intelectual. Parecía un visitante casual.
—Señor, acabo de empezar a trabajar y todavía no conozco bien los productos. ¿Le parece si le pido a alguien más que lo atienda? —dijo Selena honestamente.
Todos los demás empleados estaban atendiendo a más de diez clientes cada uno; ella era la única libre. No tuvo más remedio que quedarse con el señor durante cinco minutos, pero sus ojos no dejaban de mirar hacia la sala de descanso, temiendo que Fabio fuera a buscar a Karina…
El hombre sonrió levemente. —¿Cuántos días llevas trabajando, jovencita?
—Seis días —respondió Selena, distraída.
—¿Seis días y no has memorizado las especificaciones de una sola cámara?
—¿Eh? —Selena se giró y vio al hombre negar con la cabeza mientras se alejaba con una sonrisa.
No le dio importancia. Inmediatamente, se dio la vuelta y también fue a la sala de descanso.
El hombre recorrió cada uno de los stands de la expo y, finalmente, llegó al de "Viva Chip". Karina se recompuso de su desánimo y se acercó con una expresión serena. De un vistazo, notó que la pluma en el bolsillo del hombre no era lo que parecía. La pequeña piedra incrustada en la tapa era una cámara oculta.

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