El celular de Karina sonó.
Era un número local desconocido.
Dejó la botella, de la que apenas había bebido, y le dijo al reportero:
—Disculpe, saldré a contestar la llamada.
Valentín se levantó, con una sonrisa algo maliciosa.
—Conteste aquí mismo, señora Karina. No hay por qué perder tiempo.
Karina frunció el ceño y su mirada se tornó notablemente fría.
Se acercó a la ventana y contestó. La voz alegre y curiosa de Melisa llegó a través del auricular.
—Señora, ¡el anillo de verdad sirve para llamar! Lástima que no pueda verla…
Al escuchar la voz de Melisa, Karina se relajó un poco.
—Hay una perilla giratoria en un lado, gírala y podrás…
No pudo terminar la frase. De repente, sintió una somnolencia abrumadora y sus extremidades comenzaron a entumecerse.
Se dio cuenta de que algo andaba mal y se giró para mirar al reportero.
La sonrisa de Valentín se había vuelto lasciva.
Con una mano, cerró la puerta de la sala y le puso el seguro.
El corazón de Karina se aceleró.
—Melisa, llama a la policía… —dijo rápidamente.
Al segundo siguiente, le arrebataron el celular y lo estrellaron contra la pared.
La botella de agua sellada… tenía algo.
Karina se apoyó contra la ventana, sus manos arañando el cristal con desesperación, dejando varias huellas claras y extrañas.
Tenía mucho sueño, un deseo incontrolable de cerrar los ojos y no despertar jamás.
Su visión se volvió borrosa. Solo distinguía una sombra oscura que se acercaba a ella.
—Duerma, señora Karina. Se sentirá mejor si duerme.
Karina levantó la mano para abofetear a Valentín.
Pero su brazo estaba flácido, sin fuerza.
Casi nunca sentía pánico.
Pero en ese momento, un terror aniquilador le erizó el vello de la nuca, mientras sus uñas rascaban el cristal una y otra vez.
—Te… te voy… a matar.
—Entonces déjame… morir sobre usted, señora Karina —dijo Valentín, rascándose la barbilla con una sonrisa.
El hombre se abalanzó sobre ella. Karina concentró toda la fuerza que le quedaba en su pierna derecha.
La levantó y lo pateó con todas sus fuerzas en la entrepierna.
Un grito desgarrador resonó y Valentín se desplomó en el suelo.
Karina, como si le hubieran drenado toda la energía, también cayó al suelo.
Sus pupilas se nublaron y su conciencia se desvaneció.
Vagamente, le pareció oír a alguien golpeando puertas, una tras otra, gritando con una voz llena de pánico:
—¡Karina! ¡Karina!…
***
Cuando Melisa llamó a Karina, estaba en el stand de Viva Chip.
Ariel sabía que Karina lo estaba evitando, así que se mantuvo a distancia, sin entrar.
Al oír a Karina decir «llama a la policía», Melisa, con el rostro lleno de espanto, se dio la vuelta y corrió hacia Ariel.
—¡Papá, papá, a la señora le pasó algo!
Un destello gélido apareció en los ojos de Ariel. Levantó a Melisa y corrió hacia el área de exhibición.
—¿Dónde está Karina?
Germán, que estaba arreglando los productos en el mostrador, vio a la niña que había venido a buscar a Karina en brazos de un hombre con lentes de armazón plateado.
Los ojos oscuros de aquel hombre eran como un abismo sin fondo, llenos de una oscuridad y un pánico desconocidos.
Sin saber que Karina estaba en peligro, Germán respondió con un tono indiferente:
—En el segundo piso, en una entrevista.
Ariel bajó a Melisa y le dijo con voz grave:
—Espérame aquí, no te muevas ni un centímetro.
—Entendido, papá. Ve a buscar a la señora.
Melisa obedientemente entró al stand.
En el instante en que Ariel se dio la vuelta, su expresión se volvió glacial. Subió corriendo al segundo piso.
Se giró y le ordenó a su guardaespaldas:
—Vengan todos conmigo.
***
En la sala de descanso.
El dolor en la entrepierna de Valentín había disminuido un poco.
Apoyó las manos en la alfombra y se levantó con dificultad.
—¿Una zorra de segunda mano como tú se atreve a patearme? Hoy te voy a dejar hecha un trapo.
Valentín se desabrochó el cinturón, se bajó los pantalones y se acercó a Karina.
Le dio una patada brutal en la cintura.
Karina no reaccionó en lo más mínimo.
Valentín se agachó y la miró con codicia.
Incluso con los ojos cerrados, parecía un narciso flotando en aguas cristalinas.
Extendió la mano y le pellizcó la mejilla.
Su carita no parecía tener mucha carne, pero al tacto era increíblemente suave.
Y esos labios, tan húmedos… seguro que sería excitante jugar con ellos…
Valentín le desabrochó el abrigo a Karina, agarró el cuello de su blusa interior con ambas manos y la rasgó con un sonido seco.
Su pecho, contenido por el sostén, tenía una forma excepcionalmente hermosa.
Bajo la luz de la sala, el blanco de su piel era deslumbrante y el rojo de sus labios, arrebatador.
La sangre hirvió en las venas de Valentín.
Extendió su mano derecha, y justo cuando estaba a punto de tocarla…
La puerta se estrelló contra la pared con un estruendo.
Sobresaltado, Valentín detuvo su mano justo sobre el pecho de Karina.
Se giró, aterrorizado.
Vio los ojos impasibles de un hombre recorrer las huellas de manos en la ventana y posarse sobre Karina.
Bajo los lentes de armazón plateado, las comisuras de sus ojos se tiñeron de rojo, revelando una furia asesina.

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