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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1441

Sabrina se atragantó con el sorbo de bebida que acababa de tragar.

—¡Cof, cof!

A su lado, el señor Pérez sonrió satisfecho.

—Señorita Ibáñez, ¿qué le parece? Estos chicos son de primera, ¿verdad? Escuché que antes era usted una violinista muy talentosa, así que me aseguré de elegir a algunos que tuvieran estudios musicales.

La sonrisa del señor Pérez tenía un matiz sugerente.

—Si le gusta alguno, lléveselo. Con su estatus actual, señorita Ibáñez, incluso si le gustan todos, no habría ningún problema…

—Crac.

El señor Pérez no había terminado de hablar cuando un sonido seco, como de algo rompiéndose, se escuchó a su lado.

En ese momento, las luces del salón se encendieron.

Sebastián sostenía en su mano los restos de un vaso que había hecho pedazos.

La sangre brotaba de los fragmentos de cristal incrustados en su palma.

Las pupilas de Sabrina se contrajeron.

—Hache, ¿qué le pasó a tu mano?

Con una expresión impasible, Sebastián arrojó los restos del vaso a un bote de basura cercano. Luego, como si nada, sacó unas servilletas y se limpió la sangre.

—No es nada. Sigamos viendo el espectáculo.

Al verlo herido, a Sabrina se le quitaron todas las ganas de seguir allí.

Miró la mano lastimada de Sebastián y se puso de pie.

—De ninguna manera. Tenemos que ir al hospital ahora mismo. —Se levantó y se dirigió al señor Pérez—. Señor Pérez, una disculpa, mi guardaespaldas se lastimó. Me temo que tendremos que retirarnos. Le agradezco mucho la invitación de hoy, ya lo invitaré yo a cenar otro día.

El señor Pérez observó la preocupación y la urgencia en el rostro de Sabrina y suspiró con resignación.

—Está bien, si tienen un problema, pueden irse.

Sabrina tomó a Sebastián de la muñeca y salieron rápidamente.

Sebastián se giró para mirarla, pero su respuesta no tuvo nada que ver con la pregunta.

—¿Estaban guapos los modelos?

En ese momento, Sabrina había estado perdida en sus pensamientos y apenas recordaba a los modelos. Aparte de la escena final en la que se rasgaron la ropa, ni siquiera recordaba bien sus caras, solo que no estaban mal.

—…Pues, no estaban mal —respondió vagamente.

—¿Y qué te pareció su físico? —preguntó Sebastián.

Su voz era tan tranquila y neutra que parecía que estaban comentando una película.

A Sabrina no le parecía que hubiera mucho que decir sobre ellos, pero como Sebastián preguntaba, respondió sin darle importancia.

—Bastante bien.

—¿Y si me comparas con ellos? —insistió él.

***

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