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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1568

El asistente negó con la cabeza.

—Ya mandé investigar a fondo y no son los Fonseca.

Como la familia Fonseca estaba atacando al Grupo Castaño, la atención de todos los Castaño estaba casi exclusivamente en Sebastián. Si él hacía cualquier movimiento, se enterarían de inmediato. Bajo esa vigilancia tan estricta, si Sebastián hubiera intentado tocar su sector médico, lo habrían sabido al instante.

Pero, aparte de Sebastián, ¿quién tendría la osadía de ponerse al tú por tú con los Castaño?

Fidel ordenó con frialdad:

—Sigan investigando. Sebastián es astuto y tramposo, quizás encontró alguna brecha que no vimos.

El asistente asintió y se retiró.

Sin embargo, el equipo de Fidel investigó durante más de una semana sin encontrar ninguna conexión entre el incidente y Sebastián.

Fue Eva Ramos quien, al enterarse del asunto, le dio una idea a Fidel.

—Fidel, en lugar de perder el tiempo con Sebastián, ¿por qué no presionas a los socios?

Fidel parecía tener jaqueca.

—Ya revisamos y no hay nada anormal, no han buscado nuevos socios. Si se quedan quietos, será difícil descubrir el problema a corto plazo.

Eva dijo con voz suave:

—Es imposible que todos esos socios mantengan la boca cerrada. Si quieres averiguar algo rápido, tendrás que usar otros métodos.

Fidel se masajeó el entrecejo.

—Sé que usar mano dura es lo más rápido. Pero estos socios vienen de la época del viejo, no es fácil romper relaciones así como así.

Eva insistió:

Fidel replicó:

—Don Mauro, ha colaborado con nosotros tantos años, prácticamente ha caminado junto a los Castaño hasta hoy. Si quiere irse, está bien, pero al menos debe darme una razón válida.

Don Mauro lo miró fijamente.

—Si no te doy una razón, ¿vas a amenazarme con mi nieto?

Fidel fingió impotencia.

—Don Mauro, usted sabe que el Grupo Castaño está pasando por un momento turbulento. Que cancele su colaboración de repente levanta sospechas de que está trabajando con nuestros enemigos. Usted es un empresario exitoso, debería entenderme.

Don Mauro resopló con fuerza.

—Para serte franco, desde que tomaste el control de la familia, he querido cancelar nuestra colaboración. Las reglas autoritarias que impusiste al asumir el cargo ignoran por completo el bienestar de las empresas comunes y de los empleados. Todos entendemos que busques maximizar ganancias, ¡pero no puedes reducir nuestro espacio vital y desmoralizar a todos por dinero! Tú mismo lo dijiste, hemos acompañado al Grupo Castaño hasta aquí. Y solo porque Aarón expresó su descontento cuando asumiste el cargo, le retiraste la inversión y lo llevaste a la quiebra. ¿Esa es tu actitud hacia tus socios? A estas alturas, no te voy a mentir: hace mucho que me caes mal, eres un tipo mezquino que solo piensa en el dinero.

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