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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1859

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—Algunos enfermos terminales aceptan probar los medicamentos para tener una oportunidad de salvarse, yo no obligo a nadie. Además, las fórmulas que logro desarrollar las dono sin cobrar ni un peso, no como la familia Castaño, que monopoliza la tecnología para hacerse millonarios.

Hernán se quedó un poco avergonzado ante el reproche. Ambos cojeaban del mismo pie, ninguno estaba para dar lecciones de moral al otro.

Después de un rato, Hernán dijo:

—Zapatero a tus zapatos. Si no eres experto en investigar antídotos, mejor ni te metas en eso. El organismo de Ulises es especial; si alteras su equilibrio, podría morir envenenado de un jalón. Aunque... —Hernán suspiró—. La verdad no me imaginaba que Ulises llegara a esos extremos por Sabrina. Si hubiera hecho todo esto por cualquier otra persona, ni de chiste lo habría dejado recuperarse en mi clínica.

Andrés lo miró de reojo y soltó de forma cortante:

—Si pudieras quitarle todo ese veneno de encima, te deberé un favor a cambio.

Hernán, que no perdía oportunidad de molestar, respondió:

—Ya veo que sí le agarraste cariño al chavo de los Hoyos... Con razón, como ninguno de los dos es un santo, Dios los hace y ustedes se juntan.

Hernán era todo un experto en venenos y antídotos, y Andrés dependía de él para curar a Ulises. Por eso, tragándose el orgullo, prefirió no contestarle la burla.

Como Hernán también necesitaba que Andrés siguiera tratando a Sabrina, le lanzó un par de sarcasmos más y dejó el tema por la paz.

***

Al salir de la clínica de Andrés y Hernán, Sabrina todavía tenía que cuidar mucho su mano, así que decidieron no dar vueltas por la calle y se fueron directo a casa.

Como la cirugía estaba reciente, Sabrina no quería arriesgarse a un accidente, por lo que aún no regresaba a trabajar a Grupo Ramos. A pesar de que ya le habían quitado los puntos, planeaba descansar otra quincena antes de reincorporarse.

Al llegar a casa, Sabrina se quitó el abrigo y justo cuando iba hacia su estudio, Sebastián la tomó de la mano.

—Sabrina, espera.

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