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La Heredera del Poder romance Capítulo 2486

Vestida con una toga blanca, Dafne estaba en la parte trasera del escenario frunciendo el ceño al escuchar las palabras de la multitud. ¡Qué gente tan terca! Gabriela había muerto hace tiempo y aun así seguían pensando en ella.

Ya verían.

Una vez que ella asumiera el cargo, se aseguraría de que todos esos individuos pagaran por su deslealtad.

El Gran Jefe, quien observaba la reacción de todos, no se sorprendió. Después de todo, la influencia de Gabriela en Eternidad no era cualquier cosa.

Julián levantó ligeramente las manos y, con un tono calmado, dijo: "Por favor, escúchenme."

Aunque el murmullo no cesó de inmediato, la intensidad de las voces disminuyó considerablemente.

Él continuó: "La señorita Yllescas fue una gran líder. No solo ustedes la extrañan, nosotros también la extrañamos. Pero hay cosas que, por mucho que nos duelan, no podemos cambiarlas. Dafne fue elegida por la misma señorita Yllescas como su sucesora y ha sido evaluada por las ocho grandes familias. Pueden estar seguros de que buscamos el bienestar y la prosperidad del país Eternidad y jamás les engañaremos."

Hizo una pausa antes de agregar: "Por favor, les pido que confíen en la señorita Yllescas y también en nosotros, las ocho grandes familias."

Al terminar, Julián hizo una reverencia a la multitud.

Los murmullos entre el público aumentaron.

¿La nueva reina había sido elegida personalmente por Gabriela? ¡Eso era imposible!

"Gran Jefe," se levantó White. "Tengo algo que decir."

El Gran Jefe alzó la mirada, asintiendo: "Adelante, don White."

White prosiguió: "Si usted dice que la nueva reina Dafne fue elegida por la señorita Yllescas, entonces permítanos escuchar eso de boca de la misma señorita Yllescas."

Al oírlo, la multitud apoyó la idea de White: "¡Don White tiene razón! Debería ser la señorita Yllescas quien anuncie esto personalmente."

"¡Señorita Yllescas!"

"¡Señorita Yllescas!"

Antes de la llegada de Gabriela, el país Eternidad no era más que un caos. Fue su liderazgo el que lo transformó en un verdadero país próspero y pacífico. Sin embargo, Gabriela nunca se comportó como una reina arrogante, lo que hizo que todos la llamaran cariñosamente señorita Yllescas.

El Gran Jefe observó aquella escena con los ojos ligeramente enrojecidos y, sujetando el micrófono, dijo: "Entiendo lo que sienten. Al igual que ustedes, desearía que la señorita Yllescas pudiera regresar. Lamentablemente, ella ya no puede..."

Ya no podía.

El país Eternidad nunca volvería a ser como antes.

El Gran Jefe lo sabía. Sabía que, una vez que se anunciara esta noticia, el país se sumiría en el caos y la desesperación. Pero había cosas que no se podían ocultar para siempre.

Además, ya había rumores de la muerte de Gabriela...

"¿Por qué no puede regresar la señorita Yllescas? ¿Qué ha sucedido realmente?"

Era como si tuviera una piedra en el pecho.

Era como volver al mes en que ocurrió el incidente con Gabriela.

En ese momento, él y los siete jefes se negaban a creer que algo le hubiera pasado a Gabriela. Se turnaban día y noche para cuidarla, esperando que despertara.

Incluso llegaron a usar los métodos prohibidos del país Eternidad.

Pero fue en vano.

Recordar esas noches y los días de lucha junto a Gabriela hacía que el Gran Jefe no pudiera contener las lágrimas. "La señorita Yllescas, el 19 de diciembre del año 10061, a las 7:26 de la noche, se sacrificó en un experimento por la ciencia... Solo tenía veintiún años..."

¿Sacrificarse por la ciencia?

¿Cómo pudo suceder algo parecido?

El silencio en el auditorio era abrumador.

Un silencio casi inquietante.

Ramelia y el secretario general de la Federación Universal estaban más tranquilos.

Después de todo, ellos ya conocían la noticia.

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