Entrar Via

La Heredera del Poder romance Capítulo 2529

Después de terminar un dulce, Gabriela pareció recordar algo de repente. Sacó un pequeño frasco de cerámica de su bolsillo y se lo entregó a Sebastián. "Ah, cierto, tómate esto."

"¿Qué es esto?" Sebastián tomó el frasco.

Sin esperar a que Gabriela respondiera, continuó: "¿No será veneno, verdad? ¿Planeas... asesinar a tu propio novio?"

Gabriela sonrió ligeramente. "¿Te ha crecido la imaginación?"

"Si es algo que mi jefa me da, aunque sea veneno, igual me lo tomo." Dicho esto, Sebastián vertió una pastilla del frasco y se la tragó de inmediato.

Después de tragarla, preguntó: "¿Cuándo empieza a hacer efecto esta medicina?"

Gabriela, sonriendo, respondió: "¿No sientes nada ya?"

Sebastián, cómplice en el juego de Gabriela, se dejó caer sobre el sofá.

Antes de que Gabriela pudiera reaccionar, él le agarró la muñeca y la atrajo hacia él, haciéndola caer sobre su pecho.

El ambiente se volvió un poco incómodo.

Sebastián la estrechó por la cintura. "¿No saldrá de repente mi cuñado?"

"¿Quién es tu cuñado?"

"Haces preguntas obvias."

Gabriela arqueó ligeramente una ceja. "¿Ya tienes la aprobación de mi hermano?"

Ante eso, el rostro de Sebastián mostró un poco de inquietud.

Llevaba tiempo soñando con aquella escena.

Adam tenía tres años entonces.

Quién iba a pensar que un niño de tres años tendría tan buena memoria.

Si hubiese sabido que Adam se convertiría en su cuñado, Sebastián habría construido un pequeño altar para el niño y le habría ofrecido incienso todos los días.

Sebastián, dejando de lado su nerviosismo, le dio un suave beso en la mejilla a Gabriela.

Era solo un beso, pero provocó un tumulto en su interior.

Hasta los dedos le ardían.

Sebastián se levantó de inmediato, carraspeando. "Voy al baño un momento."

"Ve." contestó Gabriela.

Aproximadamente media hora después, Sebastián salió del baño.

Gabriela preguntó casualmente: "¿Por qué te tardaste tanto?"

Con rostro sereno, Sebastián respondió: "Dolor de estómago."

"¿Estreñido?" preguntó Gabriela.

Sebastián solo pudo asentir, recordando esos treinta minutos, mientras sus orejas se enrojecían.

Gabriela, un poco sin palabras, dijo: "Si estás estreñido, estás estreñido. Nadie te va a juzgar, ¿por qué te sonrojas?"

Sebastián apretó sus labios, sin responder.

Gabriela le dio unas palmaditas en el hombro y continuó: "No te preocupes, luego te receto algo para el estreñimiento."

Sebastián no le respondió directamente, en su lugar preguntó: "¿Qué fue lo que me diste de tomar?"

"Para revisar el chip en tu cuerpo." Gabriela terminó el último bocado de alfajores y añadió: "Sospecho que el chip se implantó cuando Eva estaba embarazada de ti." Si no, no habría pasado desapercibido durante tantos años.

"¿Tan temprano?" Sebastián frunció ligeramente el ceño.

Y cada vez, solo durante cinco minutos.

Sebastián asintió levemente. "De acuerdo."

Gabriela continuó: "Por cierto, ¿quieres que te saquen el chip del cuerpo de inmediato?"

Sebastián frunció ligeramente los labios y después de un momento, respondió: "¿Tú qué piensas?"

La Federación Universal había implantado el chip en su cuerpo con un propósito, y si lo extraían a la fuerza, probablemente habría consecuencias.

Pero si no lo quitaban, Sebastián sentía que el chip limitaba su capacidad de pensar.

Estaba en una encrucijada.

Gabriela reflexionó un momento y luego dijo: "Creo que para no alertar a nadie, deberías dejarlo por ahora. Veamos cómo se desarrollan las cosas."

Después de todo, el chip no le causaba un gran problema a Sebastián.

Había vivido con él durante años, así que no era necesario apresurarse.

"Haré lo que digas." Sebastián asintió levemente.

En ese momento, se escuchó un golpe en la puerta. "Señorita Yllescas."

"Adelante." Gabriela respondió suavemente.

La nueva asistente entró. "Señorita Yllescas, aquí está la información que solicitó."

"Déjala ahí."

La asistente puso los documentos al lado de Gabriela y se retiró.

Sebastián frunció ligeramente el ceño, percibiendo algo extraño y estaba a punto de levantarse, pero Gabriela le detuvo suavemente la mano, indicándole con la mirada que no se moviera.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera del Poder